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Los riesgos de navegar en Alta Mar

 

 

Si su barco es marinero, en muchos sentidos los riesgos de navegar en alta mar son menores a los de hacer navegación costera. No hay rocas que evitar, hay menos tráfico que esquivar, menor riesgo de colisión, y el mar es menos traicionaero que en las costas someras.

En contrapartida, debemos ser autosuficientes ya que cualquier ayuda que pudiéramos necesitar estaría a días de distancia. Ante una colisión con algo inesperado, un posible incendio, un fallo mecánico o

un accidente, ante una herida o posible enfermedad, debemos valernos por nosotros mismos ayudados por la radio y el satelital. El riesgo de tener que afrontar un temporal existe, aunque las comunicaciones electrónicas están de nuestro lado y nos ayudarán a esquivar la peor parte.

Si ya lleva acumulados unos pocos miles de millas en navegación costera y ha tenido que navegar en lugares concurridos, sorteado bancos de niebla y aguantado malos mares en el Mediterráneo, es muy probable que el cruce del Océano Atlántico no le suponga ningún problema.

 

Mala mar

Si bajamos bien en latitud para enganchar  los alisios y elegimos la buena temporada, además de estar atentos al parte meteo antes de salir, lo más normal es no tener que soportar temporales severos. Por encima de los 40º de latitud, son numerosos los temporales con 40 nudos de viento y salvo en los meses inadecuados, las galernas de 60 nudos son muy escasas, por ello debemos bajar por debajo de los 40º.

Pero cuando llegan, llegan.… Y entonces debemos tener un barco preparado para recibir olas sin que inunden la bañera. Los imbornales de nuestro barco deben poder desalojar agua de forma eficaz y con rapidez, ya que una segunda ola con una bañera inundada puede afectar seriamente  la estabilidad de nuestro barco.

Si  nuestro barco es del tipo “Salón de puente” con amplios ventanales, debemos pensar en llevar a bordo alguna madera que pudiera tapar cualquiera de los cristales del salón que en caso de rotura que comprometiera la estanqueidad. Tenga presente la posibilidad de una escora muy importante o en el peor de los casos un vuelco y las consecuencias que ello acarrearía. Por esta razón cualquier objeto pesado debe quedar perfectamente sujeto. Las baterías deben estar afianzadas con cinchas y el plan debe quedar bloqueado para evitar el vuelo de planchas en caso de un muy improbable vuelco.

Sea como fuere el temporal, debemos recordar que una tormenta es infinitamente más peligrosa cerca de la costa, ya que lo que nos hundiría sin compasión son las rocas. Los barco flotan mientras no tengan vías de agua, y no es raro encontrar tras el paso de un devastador huracán, e incluso meses después, algún velero que rompió amarras y navegó muchas semanas sin nadie a bordo que lo cuidara.

 

 

Los rayos

La posibilidad de ser alcanzados por un rayo en mitad de una tormenta eléctrica es pequeña pero bien real. No son pocos los que han vivido y contado la experiencia. En una ocasión experimenté la caída de un rayo a sólo unas pocas decenas de metros frente a las costas de Tarragona y el fenómeno es impresionante. El Relámpago se produce de forma casi simultánea al brutal estallido del trueno ensordecedor.

No hay nada que hacer para evitarlo y es simple cuestión de suerte. Es buena idea asegurarse que el pie del mástil de aluminio esté conectado con un grueso cable a los pernos de acero de la quilla, y así asegurar una entrada y salida limpia del rayo, pues en caso contrario además de perder toda la electrónica por la brutal sobretensión, podría hacernos una perforación justo en la zona de salida del rayo. Se conocen casos en los que la brutal corriente atraviesa por ejemplo la inversora del motor destruyendo algún piñón o generando un desperfecto en alguna pala de la hélice.

Incluso con toda la instrumentación apagada es muy probable que tras recibir un rayo todo la electrónica quede frita o incluso explote, y por ello la necesidad de llevar algún GPS de mano a modo de Backup y si es posible en el interior de una cajita metálica que haría las veces de caja de Faraday protectora. Los motores de arranque no son tan delicados, pero en los modernos alternadores sus reguladores también pueden quedar “fritos”. En algunos casos incluso es necesario rehacer toda la circuitería eléctrica tras el impacto de un rayo, siendo siempre necesario sustituir todos los fluorescentes, y en algunos casos la mayoría de las bombillas.

En caso de tormenta eléctrica podríamos arrastrar una cadena por popa lo suficientemente larga como para asegurar una buena conductividad con el mar y cuyo extremo a bordo quede conectado al mástil, que sin lugar a dudas hará de conductor para el rayo. Al pasar por cubierta la podremos proteger mediante una manguera de plástico para evitar ensuciar y dañar el gelcoat.

No se exponga a rozar el circuito de descarga, pues si le toca en el momento de la descarga podría morir electrocutado de forma instantánea, aunque sorprendentemente en la mayoría de los casos casi nunca se producen heridos entre los miembros de la tripulación de los barcos que han soportado tan brutal experiencia.

 

Preparar la cubierta

Es fundamental tener el barco preparado para movernos por cubierta con total seguridad, y para ello debemos cerciorarnos en la instalación de los pasamanos y agarres necesarios para poder ir de proa a popa sin peligro de caídas, incluso en las peores condiciones meteorológicas, en mitad de un “baile” de pantocazos. Pero durante una navegación tranquila no debemos bajar la guardia ya que es en esos momentos cuando un despiste nos puede tirar por la borda. Ojo al orinar agarrados a un obenque o sujetos al backstay de cualquier manera sobre el espejo de popa. Se supone que así murió el experimentado “Tabarly” hace sólo unos años.

Algunos veleros de regatas, como por ejemplo los First de Beneteau, tienen una cubierta demasiado convexa para ser transitada con seguridad  y resultan peligrosas cuando están mojadas. Un buen crucero oceánico debe tener un tránsito fácil y cómodo, y desde luego debe permitirnos ir de un extremo al otro del barco en las más terribles condiciones, aunque sea agachados a “cuatro patas” asegurándonos en los diferentes elementos de la cubierta.

Son muchos los barcos que llevan las líneas de guardamancebos excesivamente destensada posiblemente debido al algún candelero doblado. Debemos llevarlos bien tensos y asegurar su solidez y la de los balcones y pulpito de proa en donde muchas veces debemos asegurarnos para realizar alguna maniobra con foque o en el enrollador de Génova.

Una regala elevada es un plus de seguridad muy interesante y debemos instalar líneas de vida en las zonas más comprometidas. Preferiblemente es mejor montar las líneas de vida con cable de acero sin funda para conocer sin lugar a dudas el estado en que se encuentren. A pesar de ser más resbaladizas que las líneas de vida realizadas en cincha textil son más seguras frente a un tirón en caso de caída al mar.

 

 

El riesgo de colisión en Alta Mar

Basta con llevar una buena iluminación nocturna, con unas bombillas que entreguen una luz bien brillante, hacer guardias sin dormirnos y si es posible ayudados con un radar que nos permita establecer zonas blindadas, así como llevar un buen reflector radar, que reduce el riesgo de ser alcanzado por otro barco en un 95%. Si nos encontráramos en el 5% restante, el riesgo de hundimiento tras el choque contra un mercante es muy certero. Llevar alguna bengala blanca para poder ser disparada en caso de acercamiento excesivo a rumbo de colisión nocturno, podría evitarnos un susto… de muerte.

Desgraciadamente son muchos los relatos de navegantes que pasan a pocos metros de un buque comercial y en los que no se ve a nadie de vigilancia en el puente de mando. Afortunadamente en los tiempos actuales, para los mercantes, es obligatorio la instalación del AIS y por ello debemos plantearnos la instalación de un sistema en nuestro barco que en caso de cercanía disparará de forma automática las alarmas en ambos barcos. Existen muchas marcas y la competencia los ha convertido en dispositivos accesibles para todo el mundo.

Salvo si navega por el Atlántico norte, no es raro toparse con una plataforma petrolífera. De día son muy visibles y de noche un auténtico festival luminoso. En el golfo de Vizcaya tuve ocasión de encontrarme con una por la noche y puedo asegurar que se ven a muchas muchas millas de distancia casi como si fuera una pequeña ciudad flotante.

Respecto a la posibilidad de colisionar con algo más pequeño, existen videos de experimentos y colisiones de veleros contra objetos flotantes, incluido contenedores y otros objetos masivos, y resultaba reconfortante observar como a una velocidad típica de unos 6 ó 7 nudos los daños son casi siempre menores y poco significativos a pesar del ruido y lo aparatoso de una parada en seco. Un choque contra un gran cetáceo es muy poco probable aunque posible especialmente por la noche y navegando a vela. Si se encontrara en un área en donde cree que existe este riesgo es buena idea encender el motor a ralentí y poner en marcha la ecosonda para que nos escuchen y nos puedan evitar.

 

Test de impacto

 

El peligro de incendio

El peligro de incendio es sumamente raro pero muy destructivo en caso de producirse. La dos causas principales son la cocina o el compartimento del motor y un posible cortocircuito en un montaje mal diseñado.

Respecto a la cocina, el más típico es el de un infernillo de parafina mal cebado o uno de alcohol en el que se haya desparramado el combustible sobre trapos de cocina antes de encenderlo para cocinar. Salvo un fallo en un tubo de gas en mal estado, las cocinas de butano son muy seguras y es raro que puedan originar algún desastre, aunque si se llegara a producir una explosión de gas la deflagración es brutal.

En el motor se alcanzan altas temperaturas y si falla el ventilador que renueva el aire corremos el riesgo de desencadenar un incendio, que en la mayor parte de los casos se genera por un cortocircuito en alguna conexión eléctrica. El metal no arde, pero al motor llegan los tubos de combustible y además existen aceites y materiales aislantes que a veces, contra la norma, pueden ser susceptibles de arder.

El motor de arranque, los winches eléctricos, el motor del molinete del ancla o por los cables del inversor pasan corrientes muy elevadas y si los circuitos están diseñados con secciones de cable insuficiente o faltos de protecciones magnetotérmicas, podremos tener un perfecto desencadenante al que se podrían sumar la oxidación de los contactos debido a la humedad del barco, los cual produciría una mala conexión resistiva y perfecta para producir un incendio por sobrecalentamiento.

 

 

 

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