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Navegar por la noche

 

Recuerdo mi primera travesía nocturna desde la costa Levantina a Baleares durante el verano de 1980, junto con 4 amigos de apenas 18 años de edad, en un pequeño velero de unos 6 metros, que por aquel entonces me parecía un amplio y seguro yate de crucero. La emoción de soltar amarras a las 3 de la mañana en una perfecta noche estrellada, con el mar como un plato, reflejando todas las luces de los bares y clubs nocturnos de la costa. Poco a poco dejamos atrás ese hilo de luces, en favor de una armoniosa y amplia oscuridad, mientras lográbamos más viento rumbo a Tagomago. La navegación nocturna ofrece muy gratas y nuevas experiencias desconocidas durante la navegación diurna. Algunas veces es posible observar el desconcertante efecto de la fosforescencia del fitoplancton, que activado por la hélice deja una bella y nítida estela de luz verdosa tras nosotros.

Es muy agradable llevar la caña adivinando las olas mientras oteamos relajadamente el horizonte por si apareciera alguna luz. Arriba el cielo es sorprendentemente negro y plagado de un infinito número de estrellas como posiblemente nunca haya observado. Si le toca el turno de guardia durante el amanecer, y hay una atmósfera cargada de humedad,… disfrutará. El cielo ofrece en esta situación una suave paleta de tonos cromáticos, con rosas, amarillos y azules. Los primeros y rasantes rayos de sol producen sobre las olas, brillos totalmente dorados en un intenso rielar.

Pero navegar por la noche requiere cierto aprendizaje y entrenamiento. Durante la noche es mucho más difícil orientarse. En cuanto aparezcan algunas luces deberemos observarlas atentamente para intentar deducir a que velocidad se acercan o nos acercamos a ellas. Es normal y hasta deseable que nos sintamos algo preocupados y expectantes. Debemos recordar las combinaciones de luces que indicarán distintos buques y distintas maniobras. Tenga a mano esas ‘chuletas’ que explican las distintas combinaciones de colores. En determinadas situaciones puede producirse algo de ansiedad, mientras intentamos entender el escenario. Con varios barcos la situación se complica, como pude observar hace poco pasando de madrugada por el canal de tráfico de mercantes, 50 millas mar adentro a la altura de Lisboa.

     

Lo más significativo es que por la noche se pierde la sensación de profundidad y es difícil evaluar las distancias a esas luces. En general la distancia es mucho mayor de lo que nos parece. Por la noche apreciaremos lo rápido que se mueven los mercantes y como las luces nos pasan rápidamente y poco a poco desaparecen en el horizonte. En una ocasión navegando en alta mar a muchas millas de cualquier costa, pasamos en las cercanías de ‘algo’. extraño y desconcertante. Un auténtico festival luminoso. Tardamos 10 minutos en entender que se trataba de una plataforma petrolífera. Por la noche son simplemente espectaculares con muchos cientos de bombillas iluminando todos los rincones de su estructura.

En este tipo de situaciones el radar, aunque no es imprescindible, ayuda mucho. Nos ayudará a enseñarnos a valorar las distancias a las luces que vemos. Durante la noche, con la vista cuesta mucho interpretar la profundidad de campo y se hace más complicado entender los rumbos de las luces que pasan a nuestro alrededor. Con el radar es fácil dilucidar y juzgar la escena que tenemos a nuestro alrededor. Ante cualquier duda, y si cree que alguien se aproxima demasiado a rumbo de colisión, utilice la VHF para indicar el nombre, el tipo de barco, su velocidad y su rumbo. Nuestra vista verá el punto luminoso bastante antes de que este aparezca en la pantalla del radar.

Hay situaciones en la que la navegación nocturna produce acongojo. En cierta ocasión salimos de noche desde Ibiza rumbo a Mallorca, y a las pocas horas nos quedamos sin viento y envueltos en una densa niebla. La oscuridad era total en todas direcciones y a todo nuestro alrededor. No ver absolutamente nada, todo negro tizón, produce cierta sensación de desasosiego, que actualmente con la instrumentación digital (plotter) se hace más llevadera.

La navegación nocturna nos permite cambiar la planificación de nuestros viajes. Navegando solo de día, lo normal es despertarse, desayunar, limpiar rápidamente, y comenzar a navegar hasta el atardecer para buscar, todavía con luz, un buen lugar de fondeo en el que preparar la cena y pasar la noche. En total no más de 8 ó 10 horas de navegación, que a una media de 6 nudos son 60 millas náuticas al día. Si tiene planeado singladuras largas deberá navegar por la noche para cubrir un mayor número de millas. De 8 horas diarias pasaremos a hacer 24 en navegación. De 60 millas saltaremos a casi 200 millas al día… Una gran diferencia.

La navegación nocturna ofrece muchas nuevas experiencias. Si tiene suerte podrá regocijarse con la visita nocturna de los delfines que si además se produce en una zona rica en fitoplancton, producirá uno de los más bellos espectáculos que le puede deparar la noche en la mar; Delfines iluminados por hilos de luz mientras nadan justo pegados al barco.

En la noche nuestra visión es pobre. Inconscientemente prestamos más atención a todos los demás sentidos. Más alertas y presentes a la realidad del momento, sin pensar en nada más, haciéndonos más conscientes de los acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor, haciéndonos sentir más vivos…

Trucos para la navegación nocturna

Haga sus primeras travesías nocturnas por aguas conocidas. Le ayudará a aprender interpretar las distancias.

Estudie detenidamente las cartas náuticas por las que piensa navegar, identificando boyas, bajíos o demás posibles puntos destacables. Parece mentira como siendo tan grande el mar, resulta curiosamente fácil pasar ‘raspando’ una enorme boya que efectivamente figuraba en la carta y que jamás pensamos que pudiéramos ver a menos de 5 metros de distancia!

Con luna llena se ve muy, muy bien. Le ayudará en las primeras navegadas nocturnas.

La vista tarda unos 20 minutos en acostumbrarse a la oscuridad. Si utiliza luz blanca al bajar a la cocina para buscar un bocadillo, tardará otros 20 minutos en volverse a adaptar a la visión nocturna. Por ello debemos utilizar la luz roja que no destruye la sensibilidad a la baja iluminación.

El foco portátil debe ser manejado con cuidado para que no ilumine las velas o el casco lo cual nos deslumbraría. Si necesita identificar algo en el mar, ilumine desde arriba con el brazo estirado y alejando el foco del barco.

Manténgase a la escucha en el canal 16 de la VHF.

Una pequeña linterna portátil con luz roja en el bolsillo, nos será útil en bastantes ocasiones.

Por la noche puede hacer mucho frío incluso en verano. Utilice buena ropa de abrigo y alguna bebida caliente para ayudarle a entrar en calor.

Quedarse dormido puede ser muy peligroso. Organice bien las guardias.

La sensación de velocidad es más fuerte por la noche.

Programa la travesía y la velocidad de tal forma que la llegada a la costa se realice con luz del día.

No navegue como en las regatas. Por ello si hace viento deje tomado los rizos necesarios, o enrollado el génova, para no maniobrar fuera de la bañera durante la noche.

Es muy importante utilizar líneas de vida y arneses durante la noche, especialmente si viaja solo o en pareja.

 

 

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