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Interpretar la imagen del Radar

 

Lo que vemos en la pantalla del radar dista a veces bastante de ser algo claro como lo pintan las películas de Hollywood. Debemos aprender a interpretar y practicar con buen tiempo para tener la certeza de utilizarlo convenientemente cuando realmente lo necesitemos.

La imagen del radar no es como una fotografía y se forma gracias al eco de las ondas emitidas y recibidas por la antena. Hace falta un poco de práctica para conseguir sacar el máximo partido de lo que vemos en la pantalla. Lo mejor es navegar en una zona bien conocida y con buen tiempo e intentar orientarse en la imagen del radar.

Los ecos que salen reflejados en la pantalla dependen del tamaño del objeto, pero también de la orientación que tenga este y de su naturaleza. Las paredes verticales de una montaña cercana reflejarán mucho más que la superficie de las playas cercanas casi horizontales. Por ello cuando navegamos hacia una costa desconocida veremos aparecer en primer lugar las montañas del interior antes que la línea de costa. Un objeto pequeño pero cercano se reflejará más que uno grande pero alejado. Un barco de acero reflejará y aparecerá en la pantalla radar mucho más que otro en poliéster o de madera.

En la pantalla aparecen círculos concéntricos que indican distancias equidistantes. Con el botón de escala podremos apretarlos o separarlos. Es decir, decidir la cantidad de superficie que alcanzamos a ver. Por ejemplo en la escala de 16 millas veremos 4 círculos distantes 4 millas entre sí. Nuestro barco estará siempre en el centro de la pantalla y lo normal es hacer que la parte superior de la pantalla aparezca indicando la proa de nuestro barco. Cuando viramos el barco, veremos como toda la imagen representada en la pantalla rota en sentido contrario. Desplazando el cursor hasta cualquier punto de la pantalla veremos la indicación en millas de distancia a nuestro barco y su marcación.

 

Cuando el radar está conectado con un sistema de navegación electrónico, también es posible configurar la imagen para que esta no se mueva y se oriente como si fuera una carta con el Norte en la parte superior de la imagen. En este caso será la línea que indica nuestra trayectoria la que se mueve haciendo uno u otro ángulo respecto al Norte. También podremos tomar demoras a los objetos que apuntemos con el cursor.

Los radar de última generación son fáciles de utilizar y con prestaciones sorprendentes, requiriendo pocos ajustes. Pero es necesario que nos familiaricemos con la imagen de la pantalla.

 

 

Falsos ecos

Es muy normal ver un montón de información gráfica en la pantalla que le sorprenderá si es la primera vez que lo utiliza. Son interferencias y ecos indeseables que aparecen de forma intermitente. Intermitente es la palabra clave.

Cuando un eco permanece estable o se desplaza haciendo una ruta clara, entonces debemos prestarle toda la atención. Por el contrario, las olas producen ecos intermitentes y en puntos aleatorios y diferentes aunque muchas veces en una misma zona de la pantalla debido por ejemplo a la inclinación de la antena al estar el barco algo escorado.

Cuando llueve a cántaros la masa de agua cayendo es capaz de producir un enorme eco que se manifestará en la pantalla como una inmensa masa que ilumina toda nuestra pantalla. Para esto se han diseñado botones de “filtros de lluvia” que en buena parte lo que hacen es reducir la señal recibida (disminuyen la ganancia) para que no quede toda la pantalla “blanca”, eso sí, a cambio de perder sensibilidad y por tanto capacidad de ver objetos lejanos.

También pueden aparecer falsos ecos cuando tenemos un objetivo importante y cercano, produciendo varios ecos debido a reflexiones múltiples.

Las pantallas de radar en color no vale (en principio) para nada, ya que el reflejo que aparece no es más que un eco sin características de color. Sin embargo el color es de agradecer pues se pintan en otros colores los anillos de distancias y otros datos como rumbos y demoras, ayudando los colores a discernir entre lo que es eco y lo que es información adicional dado por nuestro radar. 

 

La resolución de un radar

 

Es la capacidad del radar de discernir entre dos objetos diferentes y próximos entre sí. Dependerá de la antena y de su diámetro. El poder resolutivo del radar será mayor cuando mayor sea la antena y por tanto más “fino” sea el ángulo con el que el radar “ve” el mundo exterior. Una antena de 55cm produce un ángulo de emisión de 4º lo que permite discernir entre dos objetos separados entre sí 130 metros y situados a una milla de distancia. Es decir si estuvieran más próximos los veríamos en nuestra pantalla como un punto en vez de cómo dos puntitos distintos.

En la resolución influyen otras cosas como la frecuencia de la radiación electromagnética del radar (las bandas de emisión).  Cuanto más alta sea la frecuencia de emisión más “fina” y definida será la imagen. Para que nos hagamos una idea, las ondas del radar son del tamaño de pocos centímetros como las del horno microondas de nuestra cocina. Dicho sea de paso, por esta razón no es nada saludable estar cerca de la antena del radar cuando éste emite ya que estaremos físicamente calentándonos por esta radiación y no está claro que sea muy saludable como tampoco lo sería el meter la cabeza en nuestro microondas de la cocina.

La luz del sol, la luz con la que vemos es del mismo tipo que las microondas del radar, pero su “tamaño” es mucho más fino y pequeñito. Es decir la frecuencia de la radiación electromagnética que llamamos “luz” es muchísimo más elevada. Cuanto más pequeña sean las ondas, más alta será su frecuencia, y también su poder resolutivo o capacidad para ver los detalles. Tanto es así que con la radiación electromagnética que llamamos luz permite a nuestros ojos ver el mundo que conocemos. La vista.

¿Entonces se podría hacer un radar de resolución altísima mediante una antena que emitiera y recibiera a muchísima frecuencia? ¡Pues claro! Se llama linterna o faro pirata que llevamos en el barco y la antena receptora son nuestros ojos. Para mejorarlo podremos poner una cámara de vídeo en el tope del palo y una pantalla de video en el interior. Pero las ondas del tamaño de centímetros como las del radar no se “paran” por la niebla y de allí la utilidad del radar.

Entre el tamaño de las microondas del radar y las nanométricas de la luz hay toda una variedad de ellas como son la radiación infrarroja que nos calienta en el brasero. Son del tamaño de algunas milésimas de milímetro o del grosor de un cabello. Estas son de menor capacidad de resolución que las de la luz, pero mucho mayor a las del mejor radar, lo cual permite fabricar visores térmicos nocturnos que nos entregan imágenes reales, eso sí, en blanco y negro.

En el fondo es todo lo mismo, y lo que ocurre es que la manifestación física de unas y otras es lo que varía con la frecuencia y también la capacidad de nuestros sentidos para recibirlas e interpretarlas.

 

   

 

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