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¿Qué pasa con los plásticos en el Océano?

 

 

En los últimos 50 años el ser humano ha comenzado a fabricar plásticos y a un ritmo vertiginoso y en el último decenio el incremento en cifras de fabricación ha sido brutal. La inmensa mayoría de este plástico acaba en el mar que no es capaz de absorberlo. El desastre es imparable

Vivimos en la época de los plásticos. En todo momento tenemos en la mano algo que está hecho de plástico, y no podríamos pensar en una sociedad moderna sin ellos. Pero cuando los objetos

de plástico quedan obsoletos o se rompen y los tiramos a la basura. Lo peor son la monstruosa cantidad de objetos de plástico de un solo uso que aún estando en perfectas condiciones van a parar a la basura. Estos polímeros son reciclados de media en sólo un 5%. Del resto.... buena parte acaba en el mar.

Millones de toneladas acaban en el océano de forma continuada, y nadie sabe exactamente el alcance del daño y hasta donde llegan las consecuencias.

 

Hechos irrefutables

Un billón de bolsas de plástico, o sea un millón de millones, o lo que los anglosajones denominan un trillón (o mil billones anglosajones), son fabricadas todos los años en todo el mundo, y SÓLO el 5% de éstas son recicladas de algún modo.

Cada 11 años se duplica la producción de plásticos en todo el mundo. En los próximos 11 años se van a fabricar más toneladas de plástico de todas las que se ha fabricado hasta la fecha. Un disparate...

En un informe publicado por “The Journal Science” en el año 2015 se estimaba que CADA año, entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas acaban en los Océanos... Todos los años. Para llegar a estas cifras, se han tenido en cuenta la cantidad de desechos de plásticos medidos en cada región costera del planeta.

Los plásticos, en forma de cajas, botellas, bolsas, envases, vasos, pajitas, etc, se fragmentan en pequeños pedazos de plástico que acaban siendo más pequeños que una uña, dificultando los trabajos de medición. El resultado estimado es que entre 93.000 y 236.000 toneladas de plástico están en circulación a lo largo de los océanos del planeta. Esta horquilla tan amplia es debida a que hay muchas regiones del planeta en las que aún no se ha podido hacer una estimación precisa.

 

 

Hasta en la sal de mesa

 

En las playas, en los manglares, en los ríos, y hasta en la Antártida. Pero ahora se empiezan a detectar plásticos microscópicos incluso en la sal de mesa que compramos en los comercios.

GreenPeace ha analizado 39 marcas comerciales en diferentes países y 36 de ellas contienen microplásticos menores a 5 micras. Imposibles de detectar o filtrar por medios tradicionales pero contaminantes al ser ingeridas en el organismo humano. Las salinas costeras solo evaporan el agua y obtienen la sal que se envasa sin más, incluido los plásticos microscópicos.

Con el consumo aconsejado por la OMS de 5 gramos al día, estamos tragando 510 micropartículas al año según indica un informe de la universidad de Alicante. Con ello aumenta el riesgo para la salud pues pueden aparecer químicos y patógenos impredecibles.

Hay que reducir el uso de plásticos en envases, envoltorios y embalajes de todo tipo y es necesario que las empresas se comprometan a reducir el uso de plásticos y rediseñen los sistemas de distribución para minimizar o eliminar los embalajes.

 

 

¿Donde está la mayoría del plástico vertido al océano?

Pues no lo sabemos… No se sabe cuánto de este plástico está en el lecho marino, qué parte está en las costas destruyendo la vida de las playas, cuanto está atrapado en los manglares y arrecifes de coral, cuanto está simplemente flotando en mitad de los océanos y peor aún... cuánto es ingerido por los animales marinos. No sabemos el grado de implicación, la relación y consecuencias con la vida animal. Y no sabemos como detener esta marea salvaje y destructiva, como reducir las aportaciones continuadas que se añaden al ya desastroso efecto, ni cómo limpiar los océanos contaminados.

 

Una isla de basura.

Las hay desde luego, como la isla desierta de Henderson en mitad del océano Pacífico, que es sencillamente un basurero monumental debido al aporte de plásticos que traslada el mar hasta sus costas. La investigadora Jennifer Lavers de la universidad de Tasmania realizó una expedición hace pocos meses y pudo medir la mayor densidad de desechos plásticos del planeta en ese lugar tan aislado y remoto del Pacífico sur. Sus estimaciones alcanzan 37,7 millones de pedazos de plástico en sus costas con un aporte diario de 13.300 pedazos traídos por el mar.

Contaminamos el mar con plásticos de todos los tamaños, lo cual es muy significativo pues lo vemos con nuestros propios ojos arrojados en infinidad de playas a lo largo de todas las costas del planeta. La enorme cantidad de CO2 que soltamos en la atmósfera es absorbida por el mar que se acidifica y cambia peligrosamente su PH aunque no podamos apreciarlo a simple vista.

 

Microplásticos

Como tampoco podemos apreciar los plásticos microscópicos que proceden de la fracturación de fragmentos cada vez más pequeños y que pueden convertirse en la peor pesadilla pues es imposible su filtrado y eliminación de los mares. No se ven, pero están en el agua del mar. Lo que vemos con el ojo, son desde los grandes fragmentos a pequeños cachitos fracturados desde otros mayores hasta tamaños de un milímetro. Pero por debajo de estas medidas milimétricas siguen existiendo millones de toneladas de microplásticos flotando en el agua de mar.

Estos minúsculos fragmentos se siguen rompiendo hasta hacerse microscópicos y con mayor poder contaminante. A ello se suman los plásticos microscópicos aportados por cremas faciales o dentífricos. Una sopa de plásticos que está siendo injerida por los peces. Productos químicos que se fijan o absorben por criaturas marinas que pasan a formar parte de la cadena trófica. El plástico del mar, es uno de esos problemas en los que cuanto más se investiga, más nos damos cuenta que no tenemos ni idea de las implicaciones que nos esperan.

Sabemos cómo las corrientes marinas desplazan la masa de plásticos flotantes a lo largo de los mares del planeta y se tiene una idea más o menos aproximada de donde y cómo se vierten al mar y desde qué países se contamina  más. Con ello se crean programas informáticos que tratan de hacer un modelo de contaminación. Ahora toca saber la rapidez con la que se fragmentan estos plásticos aportados a la mar, con qué rapidez y según que formulación algunos plásticos se van al fondo o flotan, y en que cantidad y donde son comidos o filtrados por las criaturas marinas.

Algunos proyectos pretenden crear largos "brazos" flotantes que sean capaces de recoger de forma pasiva los plásticos de la superficie. Una empresa ha sido financiada con 22 millones de dólares en parte con aportaciones filantrópicas, pero tiene aún que demostrar su eficacia, que muchos científicos ponen en tela de juicio por su fragilidad ante las tormentas y otros problemas de transportabilidad. Peor aún, los brazos podrían recoger también a especies marinas como tortugas, medusas, ballenas y otras formas de vida, e incluso dificultar o bloquear la distribución de plankton, con el desastre ecológico que ello implicaría.

 

 

 

Dejar de contaminar

Sin duda la mejor manera de afrontar el problema es acabar con el aporte de plásticos en el mar. Mientras la producción de plásticos sigue en aumento y no se controla eficazmente lo que se haga con ellos, las cosas irán de mal en peor.

El asunto no consiste en limpiar lo que manchamos, sino en no contaminar los mares del planeta. Tenemos que cambiar nuestra sociedad, nuestra forma de consumir plásticos de envasar inútilmente alimentos en capas de plástico de un solo uso que van a parar a la bolsa de basura también de plástico y estas al mar.  Son millones de toneladas las basuras que no se reciclan alrededor del mundo.

Es necesario llegar al punto de contaminación cero. Hay que aumentar las trabas al uso de bolsas de plástico e incentivar el uso de bolsas reciclables como ya se hace en muchos centros comerciales, pero esto aún no ocurre en muchos países de menor desarrollo económico.

Hay unas 1.200 especies marinas afectadas por la contaminación de plásticos que siguen muriendo al no entender que esos plásticos no son materia comestible. Hay que evitar que el plástico siga entrando en nuestros mares. Está en juego la vida en el planeta, al menos tal y como la conocemos...

 

 

 

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