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Descubrir las Jónicas

 

 

Si aún no has viajado por sus costas empapadas de historia, por sus islas míticas, paseado por sus bosques de olivos centenarios, deambulado por sus pueblos, te espera un increíble descubrimiento.

Mediterráneo azul en estado puro. Desde mi primer viaje a las Islas Jónicas, Grecia se convirtió en un incondicional al que siempre regresar... y cuanto más mejor.

Un paisaje simplemente espectacular, rodeado por aguas de todos los azules posibles. Gentes afables, ambiente amable, costumbres y forma de vida despreocupadas, sin pretensiones. Todo empapado por la alegría de un sol espléndido y brillante, encalado de azul.

Unas aguas en las que poder navegar en paz, sin las improcedentes tarifas desmedidas de algunos puertos de la costa española, sin estar sometido al acoso en cuanto bajamos el ancla.

 

La ruta del jónico

Costas en las que aún se respira la aventura mediterránea. En la que tan pronto nos encontramos fondeados con otros amantes del mar, como paseando entre calles empedradas, para toparnos con un afable cura de larga barba blanca, contrastada con su negra y ortodoxa sotana, que juega con sus amigos a la petanca en la plaza central de su pueblo. Paseamos frente al mar, por caminos engalanados por milenarios olivos, y perfumados por el aroma del azahar y naranjos que crecen despreocupados al mismo borde del mar.

Islas habitadas desde el neolítico, que han albergado diferentes culturas desde los comienzos de la tiempos como los Minóicos, los Micenos, los Romanos, los Bizantinos, Turcos, Venecianos y Europeos. Tierras en las que habitaron héroes míticos como Ulises en la Odissea de Homero, los Corintios. Escenarios de guerras también míticas entre las superpotencias de la época, entre Atenienses y Espartacos hace 2.500 años.

Clima Jónico

Las Jónicas son más húmedas que el resto de las islas de Grecia, y por eso abunda la vegetación. A pesar de ello es fácil encontrarnos con buen tiempo, o incluso pasear en invierno en mangas de camisa. La temperatura media en verano está entre los 26ºC y los 32ºC, bajando en invierno entre 5ºC y 15ºC, aunque como he comentado, he podido disfrutar en pleno Enero con unos soleados 20ºC en la isla de Kerkira.

Los vientos son suaves, salvo cuando se establece el Meltemi, normalmente desde Junio a Septiembre. El viento suele establecerse desde el noroeste al oeste noroeste, con una fuerza de 2 a 5 nudos para morir al atardecer. En los meses de más calor, a veces salta el Maistro, un viento del norte o noroeste, con rachas severas en las islas de Lefkadas, Ithaka, Zefalonia, y Zakinthos, que puede ser descubierto al observar nubes alargadas en la cumbre es las montañas más altas de estas islas.

 

Conocer las islas Jónicas

No es mal lugar empezar por Corfú, ya en la frontera con Albania, en donde nos pueden asaltar las dudas de tirar hacia el Norte para adentrarnos en el Adriático y subir hasta Venecia recorriendo un paisaje tan maravilloso como el que nos ocupa. Mucha gente al oír hablar de Grecia piensa en las islas de Santorini, tan bellas como áridas. Pero lo cierto es que Grecia es un poco como España en cuanto a la variedad de climas y diversidad de sus regiones totalmente diferentes, montañas nevadas, o costas de aguas transparentes. Grecia tiene miles de rincones incomparables que quieren ser descubiertos. 16.000 kilómetros de costas sin apenas ningún mamotreto urbanístico como los que podemos encontrar desde Fuengirola hasta Tarragona pasando por Benidorm.

Casi toda su costa es totalmente navegable con infinidad de refugios resguardados, sople de donde sople Eolo. Las Jónicas son más suaves en cuanto a vientos y por ello más fáciles para los que tienen menos experiencia en navegación y decidan alquilar directamente en cualquiera de las numerosas bases de alquiler. Quienes navegan desde España tienen ya más que probada experiencia para descansar en cualquier rincón del Jónico y más adelante adentrarse en el también increíble y sorprendente Peloponeso, que tiene tantísimo por ver y disfrutar, para más adelante virar al Norte pasado cerca de Atenas y encontrarse con la Espóradas, sencillamente fantásticas con sus playas de arena fina bordeadas por pinares perfumados.

 

La fantástica ruta del Jónico; Desde Corfú

Corfú es buen destino para emprender una larga ruta hacia el Sur Este, empujados por los vientos mayoritarios del Noroeste, para recorrer desde la frontera del sur de Albania hasta las bellas islas de Lefkada, Paxos, Zakinthos o Zefalonia, lugares míticos como Ithaka, en los que la cultura se funde con el principio de las civilizaciones.

Enormes lagunas de aguas remansadas como la de Preveza al sur-este de Antipaxos, antes de llegar a Lefkada unida al continente por un pequeño puente flotante. Aguas en las que descubrir cavernas y aguas tan transparentes como el cristal, tabernas perdidas en las que rezuma la paz y la tranquilidad, lagunas resguardadas en las que poder practicar deportes acuáticos con total seguridad, pueblos costeros milenarios patrimonios de la humanidad por la UNESCO, calas y bahías desiertas.

Corfú resultó ser un auténtico descubrimiento que bien merece una o varias visitas de varios días. En la marina de Gouvia encontramos diferentes flotas de chárter y unas instalaciones modernas. El centro histórico a solo unos pocos kilómetros esconde numerosas tabernas, supermercados en los que avituallar el barco. Y muchos animados recorridos para perderse entre las calles empedradas de sus diversas épocas colonialistas.

En el norte de de la isla de Corfú, también conocida como Kerkira, llegaremos a Kassiopi, una amplia bahía de aguas resguardadas y aguas templadas a la entrada del tranquilo y profundo “canal del amor” entre Corfú y la Grecia continental. En las colinas de la costa se esconden muchas villas de tejados anaranjados y construcciones venecianas escondidas entre montes plagados de olivos.

Corfú está lleno de rincones de gran encanto como la Bahía de Ermones en cuya plaza fue encontrado el náufrago Ulises siendo acogido por Nausica, la hija del rey Alquino. Corfú fue el lugar de moda para pasar las vacaciones de las familias reales europeas, como la reina Isabel de Austria conocida como la emperatriz Sissi que construyó un bello palacio que no debemos dejar de visitar.

Recorrer el interior con un coche alquilado tras amarrar el barco, por ejemplo en la moderna marina de Gouvia, nos permite adentrarnos en paisajes verdes y ondulados por suaves colinas que van dando lugar a pequeñas montañas de hasta 906 metros de altura en el Pantokratoras. Al Oeste la vista costa el hipo, con caídas de la costa sobre el mar entre distintas bahías y calas de fina arena. En toda la isla se extienden densos olivares de los que se extrae un afamado aceite de oliva, y otros productos como son sus ricos quesos y vinos blancos. Los naranjos de Corfú son únicos, pues en ellos se da una especie diminuta conocida como Kum-Kuat de la que se elaboran dulces de naranja o el exquisito licor de mismo nombre.

Habitada desde el Paleolítico, empezó a ser conocida en la antigüedad como Korkira y más adelante Kerkyra, colonizada por los Corintios que construyeron una gran acrópolis desde donde creció un importante desarrollo comercial con flotas y colonias en islas adyacentes. Su riqueza atrajo el interés conquistador de Atenas y Esparta que condujo a un gran enfrentamiento en el año 432 antes de Cristo, pasando al dominio Espartano, para ser siglos más tarde dominada por los sicilianos de Siracusa, el rey Pirro de Epiro, los ilirios, los romanos, los bizantinos que construyeron las murallas del siglo XIII, por los venecianos en 1.204 y turcos en 1.537, o los franceses en 1.797, para ser posteriormente disputada por los ingleses.

Si navegamos rumbo Sur por este canal y unas millas antes de alcanzar el extremo sur de Corfú, es mejor acercarse por la costa continental para llegar a la isla de Sivota Mourtos frente a la pequeña localidad de Sibota en donde encontramos multitud de fondeaderos para pasar la noche y una marina para los que quieran amarrar y recorrer las tabernas del lugar. Un lugar perfecto para darse un paseo colina arriba y disfrutar del intenso azul ultramar mediterráneo mientras esperamos la espectacular puesta de sol.

Costeando rumbo Sur-Este aparecen continuamente calas y más calas de aguas cian y cortados con areniscas que protegen algunas playas escondidas entre pinares acostados sobre el mar. A unas dos o tres horas de navegación llegamos a Pargas, localidad con mucho encanto y en donde poder fondear en sus dos bahías de aguas cristalinas y pasar la noche tras pasear y disfrutar por sus calles encaladas y encajadas entre villas de estilo veneciano. Paseando por el promontorio y desde el castillo se divisa una estupenda vista sobre la isleta de Panagia separada de la playa por solo unas decenas de metros.

 

Paxos y Antipaxos

Tras desayunar y disfrutar un relajante baño, es buena idea arrumbar hacia la isla de Paxos. Paxos ofrece buen resguardo en su localidad principal de Gaiou ofreciendo un remansado estrecho y tranquilo canal. Bien merece la pena dar la vuelta a la isla y pasar varios días, el primero de ellos por ejemplo, en la resguardada bahía de Ormos Lakka justo al norte con un fondeadero "de libro".  Si venimos desde el sur de Corfú la navegación no será de más de una hora pues Lakka al norte se encuentra a solo 7 millas náuticas de Corfú.

En la costa oeste encontraremos muchas calas idílicas en las que poder descansar si la mar no es del oeste. No podemos perdernos la visita con la neumática de algunas cuevas de mágicos colores al más puro estilo menorquín. Unas pocas millas más al sur y cerca de Agrilas incluso encontraremos resguardos en calas protegidas también del oeste. Cuando alcanzamos el extremo Este de la isla, encontramos un islote circular con un canal transparente en donde hacer otra parada obligada, controlando bien la sonda para no darle una mala noticia a nuestra quilla. A solo 600 metros de distancia se abre la cala cerrada de Moggosini en donde amarrar para saltar a tierra o fondear y pasar la noche disfrutando de una velada perfecta.

Al desembarcar nos sorprende su verdor, exuberancia e inimaginables rincones que difícilmente podríamos haber imaginado que pudieran concentrarse en tan solo 25 kilómetros cuadrados de extensión. Es buena idea alquilar una moto para adentrarse por los senderos que nos conducirán a pequeños puertecitos impracticables para un gran barco de recreo. De nuevo miles de olivos y cipreses salteados por naranjos, limones y otros ricos frutales, extendidos sobre sus colinas que apenas sobrepasan los 250 metros de altura. En gaio, la capital y principal puertecito de la isla, encontraremos un paisaje pintoresco y exuberante. Entramos en un pequeño fiordo que bordea las dársenas en las que amarrarnos para visitar la ciudad. La empinada costa del Oeste cae sobre aguas transparentes entre las cuales se encuentran grutas marinas, como la de Ortholithos o la e Kastanida, entre playas de fina arena.

La isla de Antipaxos está separa de Paxos por solo media milla de distancia y en ella también descubriremos bellos rincones en los que poder descansar un par de días en su veintena de calas, algunas de las cuales sorprenden por sus blancos acantilados. Es una joya escondida e inexplotada por su pequeño tamaño, en la que posiblemente deseemos pasar más días disfrutando por las noches bajo los cielos plagados de estrellas.

Antipaxos se encuentra a sólo 3 millas náuticas de Gaio la capital de Paxos, y no tiene más de 5 kilómetros de extensión. Pero en estas costas encontraremos las playas más bellas del jónico, con aguas de intenso color ultramarino y fondos transparentes como el cristal.

 

Preveza con su interesante estuario y la isla de Lefkada

12 millas siguiendo derrota al Sur-Este y costeando el litoral continental, llegaremos a la localidad de Preveza en donde se abre un estrecho paso hacia un gran estuario al estilo Mar Menor en Murcia. Preveza ofrece un pequeño puerto deportivo y una vez pasado el estrecho se abre un pequeño mar menor de profundidad media de unos 10 metros, en donde navegar hasta distintas localidades, algunas de las cuales ofrecen algún pantalán al que amarrarse popa al muelle y ancla por proa.

Vayamos a donde vayamos encontraremos tabernas, ruinas milenarias y paseos llenos de encanto. Un par de kilómetros al norte de Preveza y dentro del estuario nos topamos con los restos de Nikopolis construida por el emperador Octavio tras el asesinato de Julio Cesar, y en donde Octavio reunió sus galeras contra Marco Antonio. Aquí también permaneció un invierno el apóstol San Pablo escribiendo las epístolas de Titus.

 

La isla de Lefkada

A unas pocas millas de Preveza encontramos la bella isla de Lefkada que recibe su nombre de las enormes y agrestes acantilados de roca blancas en su costa Oeste desde donde se supone que se suicidó tirándose al mar la poetisa Sapfó al no ser correspondida en amores por su amado Faón. Por el contrario su costa oriental que protege las costas continentales de Grecia son tranquilas y de paisajes verdecidos que esconden numerosas calas en las que fondear todos los días que deseemos descansar en paz. La isla es montañosa con su pico de 1.158 metros en la montaña de Stavrota, desde la que se deslizan hacia el sur laderas fértiles y valles en donde crecen diferentes plantaciones, que hacen famosa a la isla por sus excelente vino y aceite de oliva, sus únicas lentejas y buenos embutidos. Lefkata es también muy conocida por los hermosos tejidos y bordados de fino encaje que llegan a ser verdaderas obras de arte.

Una de estas calas es Sivota que ofrece un paisaje muy parecido al que describe Homero en su Iliada. Navegando unas pocas millas al Sur alcanzamos la isla de Skorpios, famosa por haber pertenecido al adinerado Aristóteles Onasis, y desde ella llegamos a Meganisi con su largo brazo de tierra que nos recordará a una inmensa escollera.

Hace no tanto tiempo Lefkada era una península de la Grecia continental hasta que en el siglo VII a.c. los Corintios excavan un canal para convertirla en isla y facilitar su protección. En la actualidad el acceso se hace gracias a un puente flotante que puede levantarse para permitir el paso de los grandes barcos o veleros que avanzarán por un largo canal dragado a 6 metros de profundidad. El acceso desde el Sur nos guiará hasta la marina de Lefkada a través de un canal bien balizado, o desde el Norte una vez dentro de la bocana del castillo de Santa Maura, cerca de las ruinas de antiguo puente turco, y de las ruinas del acueducto.

En la ciudad de Lefkada de 20.000 habitantes podemos visitar varias interesantes iglesias ortodoxas de los siglos 17 y 18 que se conservan bien a pesar el brutal terremoto que arrasó la ciudad en 1953. Por ello, es buena idea amarrarse una noche en la marina o al largo pantalán de la ciudad para dejar el barco cerrado y bien resguardado y poder recorrer a pié las callejuelas de la ciudad y salir a cenar en cualquiera de sus numerosas y animadas tabernas.

A la prefectura de Lefkada pertenecen otros islotes e islas menores como son Meganissi a unas 5 millas de Lefkada con 1.300 habitantes y en donde no debemos dejar de visitar con la neumátic la gruta Papanikolis en la que nos sorprenderán los juegos de luces al adentrarnos al fondo, Madouri, Skorpios, Sparti, Kastro, Kalamos, y muchos otros deshabitados como Arkoudi, Atokos, Dragonera, Provati, Petalas, Makri, y Oxia, en donde poder navegar y pasar muchos días frente a hermosas playas de fina arena blanca rodeadas de acantilados de calizas claras que caen a pico sobre aguas transparentes  de todo tipo de tonos cianes.

 

La isla de Ithaka

Ulises tuvo que partir de Ithaka para luchar más de 10 años contra Troya, pero consiguió regresar para encontrarse con su querida esposa Penélope. Por esta razón Ithaka es símbolo de amor eterno y paciencia. La isla no tiene más de 96 kilómetros cuadrados de extensión y desde el sur de Kefalonia tendremos apenas una o dos horas de navegación, que pueden alargarse a varios días o semanas de aventuras y descubrimientos si decidimos deambular con el barco por estas bellas aguas para conocer las costas de Kalamos en donde nos toparemos con rincones de película, iglesias clásicas, fondeaderos en los que desear perderse durante una buena temporada, o la isla de Kastos, la pequeña Skoudi y quizás también Atokos con diferentes playas, cavernas de aguas azules, todas ellas separadas entre sí por pocas millas en mitad de un mar protegido que ofrece innumerables cobijos.

Ithaka es bien montañosa y verde con olivares, robledales, y pinares, y en su medio la caprichosa naturaleza ha creado un estrecho y alargado paso de no más de 500 metros de anchura que separa la parte norte con su montaña más alta de 806 metros de altura, de la del sur en donde se encuentra la ciudad de Vathi con su propia catedral, y en donde recalan los ferries, dentro de una doble bahía extremadamente protegida y donde podemos amarrarnos a tierra o fondear a nuestras anchas en la zona noreste en frente de dos tabernas, y en unas aguas tan calmadas como las de un lago. Debemos prestar atención al pequeño islote arbolado que emerge desde su centro.

Ithaka fue poblada hace 5.000 años y según Homero, durante el reinado de Ulises en el siglo doce antes de Cristo, estos griegos batallaban contra Troya que cayó gracias a la famosa estratagema del caballo de madera regalado a la ciudad de Troya en cuyo interior se escondían decenas de guerreros comandados por el mismo Ulises. 10 años de guerras seguidos de otros 10 años de aventuras.

Al visitar la isla podemos dirigirnos a la fuente de Aretoussa cerca de la gruta de las Ninfas, donde Ulises escondió obsequios al regresar de Troya, o pasear 4 kilómetros al oeste de Vathi hasta las ruinas de la acrópolis de la antigua ciudad de Alkomenes, conocida como el castillo de Ulises. Estrechos y pintorescos barrancos que nos llevarán a monasterios ortodoxos, como el de Katharon sobre una montaña con vistas panorámicas sobre el mar.

Pero desde Lefkada quizá sea buena idea arrumbar primero al Noreste de Ithaka hasta la bahía de Frikes donde existe un puertecito al que llegan los transbordadores desde Lefkada. Al lado hacia el SurEste encontramos la pequeña y protegida bahía de Kioni en donde se encuentra la playa posiblemente más bella de Ithaka.

 

La isla de Kephalonia

Kefalonia está separada por sólo 2.000 metros de agua de Ithaka y entre ambas se abre un largo canal que da paso a una amplia y protegida bahía que da cobijo a las ciudades de Sami y Agia Effimía, donde podremos disfrutar con la neumática en diferentes formaciones costeras de espectaculares colores. Muy cerca podemos visitar el cenote de Melissani de formación kárstica al más puro estilo Yucatán en México, en donde se mezclan el agua dulce aportada por la lluvia con las filtraciones del agua salina del mar.

En la lejanía divisamos la montaña Enos, la más alta de 1.628 metros de altura protegida por bosque s de abetos.  En los supermercados costeros debemos buscar el famoso “Rovola” un exquisito vino local que nace en las vides de las fértiles colinas de Kefalonia. También son famosos los pasteles y la cuajada que se sirve con una excelente miel local. Para comer no debemos dejar de probar la “liada” que es una empanada de carne con una riquísima salsa de ajo.

No debemos dejar de recorrer toda la isla para lo cual debemos reservarnos varios días pues su costa tiene una longitud de 254 kilómetros, llegaremos hasta la sorprendente bahía de Argostoli, disfrutando durante la navegación de las vistas que ofrece la costa desde la localidad de Katavothres en donde miles de toneladas de agua de mar se precipitan en las fallas para emprender un camino a través del subsuelo de la isla y llegar a la zona kártica de los cenotes de Mellisani cerca de Karavomylos.

Kefalonia está habitada desde el paleolítico desde hace más de 10.000 años, dando lugar a la cultura micena que conoció un importante crecimiento junto con su cercana Ithaka. Luego se produjo un declive unos 15 siglos antes de Cristo, para dar lugar o nuevas poca de esplendor más recientes con culturas Doricas, o con la llegada de los corintios en el siglo 7 AC. Dos siglos más tarde surgen 4 ciudades importantes e independientes cada una con su propio estado y moneda formando las “tetrapolis” unida para combatir a enemigos comunes durante las guerras del Peloponeso. Dos siglos antes de Cristo Kefalonia pasó a ser parte del imperios Romano y posteriormente del imperio Bizantino.  

 

La isla de Zakinthos

Los venecianos la llamaban la "Flor de levante" por su florida belleza y la rica cultura de sus pueblos, incluida su tradición por la música y la pintura. Zakinthos era exquisita además, por su arquitectura tradicional con hermosas iglesias y nobles casas palaciegas, la mayoría de las cuales fueron destruidas en el gran terremoto de 1953.

Para nosotros navegantes, la belleza más imponente sigue intacta en sus profundos acantilados, sus playas de arena blanca, sus aguas de azul cian, sus densos bosques de olivos, naranjales y viñedos, sus fértiles colinas, y sus islotes que esconden cuevas marinas que transparentan aguas azul cobalto que invitan al baño, al buceo y a recorrer piedra a piedra, palmo a palmo toda su costa de 123 kilómetros, que encierra una superficie de 402 kilómetros cuadrados de terreno montañoso y largas llanuras en su parte oriental.

En la ciudad de Zakinthos existe una gran marina en donde recalan ferries y mercantes, además de poder abarloarnos para dejar nuestro barco amarrado para hacer excursiones en el interior. Zakinthos marina es un pequeño puerto deportivo en donde también poder amarrar con proa y ancla al mar y popa al muelle al estilo griego.

 

 

 

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