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Descubrir las Cícladas III

Las Cícladas menores

 

 

Comenzando desde una corta navegación de unas 3 ó 4 millas al sureste de Naxos y a la altura de las islas del Dodecaneso, ya cerca de las costas de Turquía, se encuentran las Cicladas menores formadas por 6 islas pequeñas más islotes cercanos.

En estas islas podremos descansar alejados de los bares de copas y gentíos estivales, pues algunas de ellas, como Keros, simplemente están deshabilitadas a pesar de haber sido

en la antigüedad importantes centros de la civilización cíclada. Son perfectas para pasar varios días en cada una de ellas, recorrerlas paseando por el interior dado su pequeña extensión. Perfectas para subirse a la auxiliar y circunnavegarlas disfrutando palmo a palmo sus costas, entrantes rocosos, en algunos de los cuales descubriremos rincones marinos inolvidables.

La islita de Iraklia tiene solo 120 habitantes repartidos entre su puerto y el centro urbano conocido como Agios Georgios, con su ruina de castillo veneciano a unos minutos de paseo. No le falta su gruta conocida como Cíclope y playas de gran belleza justo al lado del puerto de entrada a la isla.

Schinoussa es otra pequeña isla también muy cercana a Naxos con numerosas pequeñas bahías cada una de las cuales nos ofrece una agradable playa de arena blanca y refugio de fondeo. Koufonisia son en realidad dos islitas paradisíacas para quienes busquen playas desiertas y con mucha tranquilidad, especialmente la de Ano en donde no habita nadie salvo en la época estival. La isla de Donoussa que es la más alejada de todas estas cicladas menores, es tan solo un islote con 130 habitantes y que como las demás ofrecen bellas playas e infinidad de sitios en donde fondear y pasar todo un veraneo náutico.

 

Amorgos

Más al sur podemos navegar hasta Amorgos, que es la ciclada situada más al Este de todas ellas y por tanto cercana a las del Dodecaneso, por donde podríamos aventurarnos a seguir la ruta si tenemos aún más tiempo.

Amorgos es alargada como ninguna otra y nos ofrece dos puertos en los que arribar, al cual más bonito, y varias bahías muy protegidas y simplemente preciosas. La de Egiali es majestuosa, tranquila e ideal para fondear y pasarse varios días disfrutando del paisaje y los paseos a tierra. Aguas tranquilas, transparentes, azul intenso y playas con pocos turistas y una arena finísima en la que pasear descalzos al atardecer. Al fondo se levantan abruptas montañas en las que se esconden otras joyas como el monasterio de Chozoviotissa que contrasta su blancor con el fondo austero de las rocas escarpadas. Sin duda uno de los más bellos de Grecia del año 1.017 en la época Bizantina. Está literalmente colgado de la roca a plomo 300 metros de vacío y con unas vistas todo azul que cortan el hipo. Un lugar perfecto que invita al interior de uno mismo y a la meditación.

Pocos habitantes, unos 1.800 para una superficie de 121 kilómetros cuadrados sin a penas instalaciones hoteleras, lo cual nos dará una idea de lo tranquilo que es el paisaje incluso en la época estival. En las cimas de una de sus montañas aparecen las ruinas de la antiquísima ciudad de Minoa donde estaban los palacios de verano del rey Minos. Antes de los Atenientes estuvieron los cretenses y antes en épocas prehistóricas otros habitantes de otras civilizaciones protocícladas. Naturalmente luego vinieron los Ptolomeos, los Romanos, los Venecianos y los Turcos destructores.

En Egiali aparece el segundo puerto con otras playas en las que probablemente decidamos fondear y pasar al menos uno o dos días más. Y entre los dos puertos se irgue Nikouria, un islote deshabitado en el que también poder pasar al menos una jornada para circunnavegar su costa con la embarcación auxiliar.

 

Anafi

Desde Amorgos, posiblemente sea buena idea si la meteo acompaña, navegar algo hacia el sur para alcanzar la pequeña isla de Anafi de solo 38 km2, y escasos 300 habitantes, la más alejada del continental Pireo a una distancia de 145 millas náuticas. Tendremos a tiro a Santorini que posiblemente quiera convertir en su próximo destino.

Anafi es una gran montaña emergida en mitad del Mare Nostrum y creada por el Dios Apolo como lugar de descanso para los Argonautas. En su cima se ha construido el pueblo de Anafi a 585 metros sobre el mar que otorga a todas sus casas una vistas impagables. Si ya en Amorgos estamos envueltos de tranquilidad, en Anafi simplemente se respira paz, alejados muchas millas de los ruidos de las islas más famosas como la cercana Santorini.

En el extremo este de la isla y también en las alturas se encuentra el monasterio de Kalamiotisa construido sobre las ruinas del templo de Apolo.

 

Santorini y Tirasia

Posiblemente la isla más famosa de Grecia y que con seguridad nos dejará entusiasmados por su belleza salvaje y la espectacularidad de sus numerosos rincones. La medialuna de su costa occidental es parte del cono del volcán extinguido en cuyo centro ha quedado el islote de Palea Kameni con colores volcánicos de tonos rojizos, grises, pardos y negros. Y sobre tan salvaje naturaleza, descubrimos terrazas, cúpulas, monasterios, y pueblecitos que visten de blanco reclamando su protagonismo sobre un fondo árido y de intrigante belleza. Pasear por las callejuelas de Fira es simplemente una experiencia inolvidable.

Su forma caprichosa proviene de la salvaje explosión que sufrió su volcán aproximadamente en el año 1.630 AC. Una dantesca explosión volcánica seguida de millones de toneladas de agua que se colaron bruscamente a la caldera del volcán al encontrar esta una gran fisura generando nuevas dantescas explosiones, que se han cifrado en 4 veces más importante a las del volcán Krakatoa. El fenómeno dantesco hizo volar por los aires una parte importante de la isla. 60 kilómetros cúbicos de roca de la isla y una eyección total de más de 100 kilómetros cúbicos a la estratosfera hasta 35 kilómetros de altura. Se desplomaron kilómetros de litoral provocante varios tsunamis con olas de algo más de 100 metros de altura que arrasaron Creta y sus palacios así como otras costas del Mediterráneo. Un significativo cambio climático en el mediterráneo que posiblemente fuera la causa de las plagas de Egipto y que también afectó al clima de todo el planeta.

En las islas cicladas se llegaron a acumular más de 3 metros de altura de cenizas volcánicas y el sol dejó de aparecer durante meses. La actual isla de Thirassia es lo que quedó de aquella lejana Santorini. Sobre este islote se alza un núcleo de casas, naturalmente blancas, que parecen que vayan a desmoronarse sobre el mar ultramarino y en las cuales poder alquilar y pasar una noche en una de las habitaciones con fantásticas vistas sobre Santorini

Una vez amarrado el barco en el puerto, una de las excursiones de más interés es la que nos conduce hasta las ruinas de Thira una de las primeras ciudades minoicas descubierta hace pocos años al retirar la capa de cenizas volcánicas que dejó al descubierto casas de 3 pisos decoradas con exquisitos frescos, templos. Los prehelénicos habitaron esta isla actualmente de 76 km2 hace ya más de 5.000 años dando lugar al inicio de la civilización minoica que finalizó con tan salvaje explosión hace ahora unos 3.500 años. La capa de cenizas volcánicas en Santorini alcanza los 40 metros de espesor. Algunos dicen que entonces Santorini era la mismísima Atlántica desaparecida. A pesar de la actividad volcánica que nunca desapareció del todo, luego llegaron los Dorios, Atenienses, Romanos, Bizantinos, Venecianos, y Turcos.

Fira, su capital, se alza a 260 metros de altura sobre el mar en medio de un paisaje majestuosamente lunar y único en el mundo. Para subir a su casco urbano encalado de blanco lo mejor es utilizar el funicular so pena de padecer un golpe de sol si estamos en verano. No faltan monasterios de gran belleza como el de los Dominicos, o la fortaleza de Ia, colgada como su pueblo sobre un barranco que cae a pico sobre el mar azul.

 

Ios

Tras disfrutar varios días en las costas de Santorini, recuperamos un poco de Norte hasta alcanzar la isla de Ios. Para muchos la isla más bonita de las cícladas y sin lugar a dudas la más animada durante el verano con más bares y tabernas que casas, pues sólo tiene dos pequeñas poblaciones pero infinidad de tabernas de verano en los que disfrutar si lo suyo es salir por la noche. Además ofrece unos rincones muy pintorescos con una arquitectura blanca, cercana y desenfadada.

Al salir de Mylopotas seguiremos viendo molinos de viento y construcciones diseminadas por aquí y por allá. Ambiente joven y con ganas de divertirse en sus largas playas de espléndida arena blanca y fondos azules. Esta pequeña isla de solo 108 kilómetros cuadrados parece ser el lugar en el que está enterrado Homero el gran poeta de la antigüedad. Su población de solo 1.500 personas llega a sumar unos 10.000 turistas que vienen de toda Europa en su período estival. Entre sus playas más famosas está de Manganari en la que se rodaron por ejemplo películas como “el gran azul”, o la de Mylopotas tan buena como las mejores de Mykonos. 

 

Sikinos

A media jornada de navegación hacia el oeste y desde la costa occidental de Ios, tenemos la pequeña isla de Sikinos de 41 Km2, y solo 300 habitantes, cuya costa del oeste es un verdadero acantilado que se precipita sobre el mar desde casi 300 metros de altura y en cuya cima se alza la pequeña capital de la isla que nos invita con su arquitectura pintoresca y desenfadada, La costa del otro lado de la isla en el Sureste es más suave y en ella se ha construido Alopronia, el puerto de la acceso a Sikinos. Como toda las cicladas es árida, pero con olivos de los cuales se dice que se extrae un aceite excepcional.

El mar es cristalino y en su calas vírgenes podemos fondear con gran tranquilidad pues no se trata de una isla turística. Como en todas las Cícladas, encontraremos monasterios e iglesias recogidas y tranquilas como la de Pantanassa, o el de Chryssopigi con unas vistas sobre el mar que rivalizan en belleza con las del pueblo desde el que en todos los rincones podremos gozar de las vistas más bonitas sobre el Mediterráneo.

 

Folegandros

Continuando la navegación al Oeste se alcanza en unas horas la isla de Folegandros, que es injustamente una de las menos conocidas, pues su belleza es equivalente a la de su cercana Santorini. Una vez amarrados en su puerto de Karavostassis podemos pasear hasta su "Chora", la capital de esta pequeña isla de 32 Km2 en donde habitan 600 griegos enamorados de su arquitectura cíclada de calles empedradas y construcciones encaladas, enmarcadas en arcos y rematadas con balcones de madera. El entorno es puro y tranquilo y además de paz se respira belleza. La belleza de un mar tan apacible como profundamente ultramarino. Un majestuoso Mar Egeo a 200 metros bajo nuestros pies, tapizando el fondo de un relieve tan rocoso como caprichoso.

De camino a Chyssospilia podemos visitar la iglesia de Panagia construido en una inclinada colina, o su monasterio culminando la cima de la montaña desde la que parte un atrevido sendero que bordea su cuerda sobre el precipicio que cae al mar.

Como en todas las cicladas el agua de sus playas es cristalina y por ello es doblemente precioso el fondeo en la bahía de Agali en la costa del oeste que no queda muy lejos de la punta sur a la que podremos llegar con la auxiliar y algo de tiempo para recorrer la belleza de su costa. Muy cerca de allí se encuentra Chryssospilia una gran gruta plagada de estalactitas y estalagmitas. Pero si desde Agali emprendemos la excursión hacia el norte podremos disfrutar de una costa tan agreste como solitaria, solo para nosotros.

 

 

 

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