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Del monocasco al catamarán; las primeras impresiones

 

 

Tras navegar miles de millas en monocascos, y escuchar con atención los argumentos de quienes cambiaron hacia los catas, nos toca el turno de alquilar, probar un cata y salir de dudas.

 

¿Por qué? Incomparable habitabilidad, estabilidad durante el fondeo, apenas ninguna escora en navegación, o la alta velocidad en portantes...

 

¿Pero cómo adaptar nuestro conocimiento acumulado durante años hacia el mundo de los catas?

Antes de decidir cambiar, lo suyo es saber si se trata de una idea correcta para nosotros. La única manera de estar convencidos es navegar algunos cientos de millas en diferentes circunstancias. Así lo han hecho muchos, que tras la prueba de definitiva no han tardado en

cambiar hacia la doble cabalgadura. Sin embargo, otros lo han tenido claro y aún disfrutando de ello han decidido permanecer fieles a los monocascos.

La decisión dependerá mucho de en dónde ponemos nuestras prioridades y sobre todo del tipo de navegación que deseemos realizar. No es lo mismo irse de veraneo en velero,  de cala en cala por las Baleares, a pretender hacer la vuelta al mundo. Y si este fuera el caso, nada tiene que ver ponerse a rumbos portantes con los alisios, a desear hacer la costa Argentina para bajar a Ushuaia y atravesar Magallanes para adentrarse en el Pacífico Sur, en cuyo caso, un cata como los que ofrecen las empresas de charter no es la mejor elección...

Aunque la primera sensación al tomar las riendas de un cata sea un poco intimidante debido a su generosa manga y la aparente dificultad de manejar tal armatoste entre los estrechos canales de los puertos, el desafío deja de serlo rápidamente, si ya tenemos experiencia en llevar otros barcos. La curva de adaptación es muy rápida.

 

Las maniobras con ciaboga

Al coger un cata por primera vez, es importante practicar maniobras. Salir de puerto y regresar a los pocos minutos, para practicar amarradas en distintas condiciones; La amarrada será más complicada cuando llegue a un puerto nuevo, pero si ha practicado la maniobra en su puerto conocido, habrá ganado en experiencia y tranquilidad.

Abandonar el amarre es siempre mucho más fácil que meterlo en el hueco asignado por el marinero. Salir de un amarre con los motores templados, no requiere más que meter avante a ralentí en los dos motores para que el barco salga recto. Antes debemos preparar la maniobra y pasar las amarras de popa con vuelta al noray de forma que baste soltar el cabo para que estas circulen alrededor del noray y quedemos libres. A los pocos segundos y justo un poco antes de llegar a la "calle" ya habremos pasado a punto muerto para esperar que la inercia termine de sacar el cata del amarre.

Olvídese del timón. No toque para nada la rueda del timón ya que todo la maniobra debe ser efectuada haciendo ciaboga. Dependiendo del sentido de la rotación, habremos de poner un motor en marcha avante y el otro en marcha atrás. Cuando el cata esté a punto de finalizar la rotación pondremos los dos motores en avante y entonces enfilaremos la bocana para salir del puerto…

En un cata, a diferencia de una motora o velero incluso con dos motores, la respuesta de los motores en ciaboga es magnífica debido a la gran manga de los catamaranes y por tanto al potente brazo de palanca que ejercen los propulsores frente al centro de deriva.

La cosa funciona de la misma manera a la llegada mientras avanzamos por la calle para alcanzar el sitio en el que vayamos a amarrar popa al muelle. Pero necesitamos ser más finos para decidir donde debemos comenzar la rotación con ciaboga y modular la cantidad de potencia que ponemos en cada motor, uno en avante y otro en atrás. Es importante tomar referencias respecto a los barcos vecinos de pantalán, pues el cata además de efectuar el giro en redondo puede sumar una velocidad de traslación que debemos anular dando más o menos potencia a los motores. 

Podríamos hablar y hablar sobre ello, indicando por ejemplo que el comienzo de la rotación debe efectuarse cuando tengamos el cata pasada la perpendicular del hueco asignado, pero esto dependerá de la velocidad que llevemos y sin lugar a dudas, lo mejor es dedicar unas horas a practicar amarradas.

Lo mejor es antes de abandonar el amarre explicar a un marinero nuestras intenciones y preguntarle si podemos ir a unas plazas en donde existan varios huecos juntos. Créame, es más fácil de lo que en un principio pudiera parecer. Aunque requiera unas pocas horas cogerle el tranquillo y ganar en tranquilidad, practicar las amarradas es lo primero que debemos hacer para tomarle el pulso al cata.

 

La visibilidad desde la bañera

Es uno de los grandes cambios a los que debemos adaptarnos y la cosa cambia mucho dependiendo del modelo y de la zona desde la que vayamos a hacer las maniobras. La superestructura de un cata tapa de forma decisiva la visión al frente, y sin embargo desde un puesto de gobierno bien diseñado sobre-elevado, tendremos buena perspectiva a nuestro alrededor. Muchos catamaranes son fabricados con Fly-Bridge desde donde la visibilidad es excepcional. Por ello, y si el barco es de este tipo y disponemos de tripulación para ayudarnos con las amarras, muchos patrones estarán arriba cuando maniobren en puerto.

Otros catas tienen puesto de gobierno en las dos bandas de la bañera y lógicamente debemos estar durante la navegación a vela, en aquella que nos ofrezca la mejor visibilidad. Para ajustar las velas hay que mirarlas, y los hard-tops que vienen montados de serie a veces obstruyen seriamente la vista al embolsamiento y forma de la vela impidiendo el correcto trimado. De nuevo cada marca y modelo son diferentes y algunos ofrecen una ventana transparente para poder observar el "trapo".

Otros no ofrecen ninguna dificultar pues el puesto de mando y maniobras está pensado para ser efectuado desde el fly en donde no nos faltará información visual hasta varios kilómetros a la redonda, pero a cambio perderemos de vista a los marineros y lo que hacen con las amarras, al quedar estos tapados de nuestra vista por el suelo del Fly.

A diferencia de un monocasco, la visibilidad desde el salón y en el puesto de gobierno interior es excelente. Es una gozada por ejemplo, ir cocinando o haciendo cualquier cosa sentados cómodamente en la mesa del salón, mientras miramos adelante hacia el horizonte protegidos del frío, y haciendo alguna corrección de rumbo si fuera necesaria.

 

Uso del Springs

Si tenemos el barco abarloado a un muelle, y si no tenemos hélice de proa como suele ser normal en casi todos los catas al no ser necesario dado el uso de dos motores en ciaboga, cuando vayamos a separarnos de un muelle para salir de una marina, y como también hacemos con un monocasco, el uso del "Spring", para pivotar el barco apoyándonos sobre una defensa es una maniobra muy adecuada.

Para ello debemos amarrar un Spring en una cornamusa de proa del cata y pasarlo por un noray en el muelle en la zona donde esté la popa del barco, de tal forma que cuando la popa se abra podamos dejar libre el cabo para que este corra sobre sí mismo. Dependiendo de la orientación y la dirección del viento, la maniobra puede ser efectuada con spring sujeto a popa y largando desde proa para que esta se abra pivotando sobre una defensa de popa.  Cuando el barco esté abierto unos 50 grados, habrá llegado el momento de dar avante a buscar la salida de la marina, debemos tener presente que debido a la importante manga del barco cuando viremos, la popa se irá al lado  contrario al rumbo de proa, por lo que es buena idea volver a tirar de ciaboga para pivotar algo sobre nuestra posición y alejarnos más del muelle.

Tenga cuidado cuando prepare una amarra que vaya a ser soltada dejando libre el chicote que nos sujeta al noray.  Si está retorcida aunque solo sean una o dos vueltas sobre sí misma, la resistencia que ejercerá será importante y puede bloquear la liberación y dar al traste con toda la maniobra. Aseguremos que la amarra corre libre y puede dejar libre el barco en cuanto la soltemos.

 

 

 

A tener bien en cuenta en un Catamarán

Cuando hay viento fuerte y si este es cruzado en la salida de un amarre o al llegar a una marina, debemos estar más concentrados porque la influencia de la gran superestructura de la obra muerta del cata es literalmente una potente vela que se enfrentará a nuestros deseos de poner el cata en su sitio. Ante la duda, espere al atardecer o programe la navegación para llegar a esas horas, que es cuando las condiciones de viento suelen descender de forma drástica.

Y todo lo dicho hasta ahora como "aperitivo" o toma de contacto al tomar los mando de un cata por primera vez.

Quedan muchos asuntos interesantes que diferencian la forma de navegar y maniobrar con los catamaranes, como por ejemplo las maniobras de fondeo con condiciones fuertes en las que puede ser necesario montar una pata de gallo, o intentar "cazar" una boya de fondeo, o conocer las mejores estrategias para mejorar la navegación con vientos del primer y cuarto cuadrante en la que es bien conocido que los catas "pinchan" frente a los monocascos. Todo ello lo afrontaremos en una próxima segunda parte.

 

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