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Preparar el barco; la cocina

 

 

En el barco se vive tanto fuera como dentro y debemos contar en su interior con los elementos necesarios para poder hacer vida a bordo, tanto si estamos navegando como durante un fondeo o estancias en los puertos.

La tripulación ha de comer bien para que rinda y esté contenta y para ello es necesario una buena cocina a bordo. Para cocinar en el mar es necesario un sistema de péndulo que permita girar unos 35º a la cocina en ambas direcciones. Si está

de reforma en el barco, tenga cuidado en la colocación de la nueva cocina, pues el eje de giro de la cocina debe quedar en paralelo con el eje de crujía para que la cocina pueda bascular a cada banda. Si no lo hiciéramos así, la cocina no bascularía al navegar en escora y esta ¡no podría ser utilizada más que en puerto! 

Hay cocinas que están montadas con encimeras en forma de “L”, otras alargadas a una banda o incluso en forma de “U”. Cada una de ellas tendrá una banda en la que se trabaja mejor con escora, que suele ser aquella banda que hace que la cocina quede en la parte inferior del “valle”. Si está bien diseñada, siempre podremos cocinar sea cual sea la banda en la que nos toque navegar.

En cualquier caso, lo importante de la zona escogida para la cocina, es que no moleste para transitar por el resto de los interiores del barco. Hay algunas cocinas mal ideadas, que interrumpen completamente el acceso a una cabina, o que tienen un suelo barnizado tan bonito, como resbaladizo en caso de haber caído algo de agua sobre él.

Aunque hayamos encontrado muchos huecos de estiba en donde alojar las provisiones, es importante preparar una lista en un cuadernillo en el que apuntar donde está guardada cada cosa. Además podremos controlar con apuntes en esta lista, a qué ritmo vamos consumiendo los víveres y prever posibles desabastecimientos. Las cosas más comunes deben encontrarse muy a mano. El salero y la aceitera, el pan o las galletas tiene que tener un fácil acceso.

 

Buena disposición

Por el mismo motivo, alguno de los muebles de la cocina debe esconder de forma muy accesible el cubo de la basura. ¡Será el armario más utilizado en todo el barco, pues en ella tiraremos hasta el papel de baño en cada visita al aseo. A este respecto, y si la estiba lo permitiera, es buena idea preparar una basura doble para separar lo biodegradable que podremos tirar al mar (cáscaras de plátano, mondas de patatas) de lo que no lo es y por tanto debemos conservar en el barco hasta la llegada a puerto.

Es importante comprimir las latas y doblar los envoltorios antes de tirarlos a la bolsa de plástico de la basura so pena de generar muchas bolsas de basura que ocupan un espacio nada despreciable tras un mes de travesía. Por otra parte, antes de tirar una lata vacía es buena idea pasarla por agua de mar para dejarla mínimamente limpia y evitar posteriores olores en las acumuladas bolsas de basuras.

Cuanto más compartimentado esté toda la cocina mejor. No hay nada más molesto que un gran cajón de cubiertos en donde anda todo mezclado en un batiburrillo de cuchillos con cucharas, abrelatas, escurrideras y hasta un salero dando vueltas. Por ello un poco de bricolaje con maderas o localizar alguna adecuada caja de plástico con divisiones pueden ser de gran ayuda.

No está de más conseguir alguna goma de neopreno para extender sobre un mostrador, con la que conseguir una superficie de trabajo en la que no se deslicen las cosas. Es tan útil en la cocina como en la zona que podamos utilizar como taller de reparaciones del barco.

 

El fregadero

Un doble fregadero en inox es posiblemente la mejor opción. Pero debemos comprobar que estos desaguan bien a las dos bandas con el barco navegando y a ser posible consiga unos que sean relativamente profundos, puesto que siempre serán utilizados para otras cosas además de para lavar la vajilla. En el fregadero dejaremos cazos con comida preparada, una sartén antes de mezclar con el resto de la comida, nos valdrán como escurre-platos,… Por estas razones, cuanto más profundos, más útiles y seguros nos resultarán.

Si viene equipado con un grifo de agua salada además del de agua dulce, conseguiremos ahorrar una buena cantidad de agua del depósito, pues el primer lavado lo podemos siempre hacer con agua de mar dejando el agua dulce para el aclarado.

 

La cocina

Es esencial que la cocina disponga de algún sistema que permita sujetar la sartén o el cazo y evite caídas de líquidos que pudieran quemarnos. Muchas cocinas viene también equipadas con un horno que puede ser muy útil a poco que aprendamos a cocinar con él. En cuanto al número de fuegos bastarán con 2 ó 3 fogones. Una cocina de un solo fuego es insuficiente y puede alargar innecesariamente la preparación de los platos.

El combustible empleado en los fogones suele ser gas licuado en botellas de propano o butano, muy extendido en los cruceros de serie, aunque algunos viajeros suelen preferir las cocinas de petróleo o las de parafina líquida que permiten llevar en un par de tanques de plástico un montón de combustible, y son menos peligrosas al no existir el peligro de explosión por una posible fuga de gas en la instalación. Las botellas de propano tiene más presión que las de gas butano y por ello no son intercambiables. Es más, en diferentes países encontrará diferentes sistemas de gas propano que harán incompatible el uso de sus botellas con la que pudiera encontrar.

En Europa cuando se vacía la botella la llevamos a cambiar por otra llena pagando sólo por el gas. En otros países caribeños o en Estados Unidos, debemos llevar nuestra botella para que nos la rellenen. No hay botella a cambio. A pesar de lo comentado, las botellas tipo “Camping-Gas” con gas Butano tan extendidas en Europa, suelen encontrase en el Caribe y al no estar provistas de válvulas de seguridad nunca deben ser rellenadas con gas propano. Si va a navegar por la costa de Estados Unidos o Escandinavia, es necesario hacerse con un sistema de propano pues es el gas que encontraremos. Tendremos que cambiar el regulador y adaptadores para las botellas.

Siempre que termine de cocina debemos cerrar la llave del gas por seguridad, aunque el barco disponga del preceptivo detector de gas. El gas puede ser muy peligroso y toda precaución es buena.

 

Refrigerar la comida

Es un electrodoméstico muy útil aunque no esencial y a veces discutido en navegación oceánica por la cantidad de amperios que necesita “comer” continuamente del parque de baterías. Conseguir bloques de hielo en los puertos y mantener una hielera para bebidas frías no tiene nada que ver con tener un refrigerador en el que la temperatura siempre se puede mantener a un nivel prefijado. A pesar de ello una hielera bien asilada y sellada en la que no estemos todo el tiempo metiendo mano, puede mantener fríos los alimentos por un tiempo sorprendentemente grande.

En barcos grandes es posible encontrar compresores movidos directamente por el motor del barco, pero lo normal es encontrarnos con grupos de frío que se alimentan directamente con la electricidad del barco.

Debido al calor del ambiente ecuatorial, cualquier nevera consumirá entre los trópico del orden del doble de lo que suele consumir en un uso normal en Europa. Y esto pueden ser muchos amperios a lo largo del día que tenemos que conseguir reintroducir en las baterías, a base de carga solar o rodando el motor del barco.

Debemos elegir una nevera que evacue el calor del condensador por un intercambiador de agua de mar. Los sistemas típicos que encontramos en los barcos de serie de hasta 15 metros con ventiladores de aire para enfriar el condensador son muy ineficaces y deberían ser sustituidos.

Es muy importante que la nevera esté térmicamente muy bien aislada para conseguir una buena eficiencia en la conservación del frío. La capa de aislamiento debería ser de al menos 10 centímetros de espuma de poliuretano. Menos es poco. 16 centímetros de espesor es lo ideal y estrictamente necesario si esa pared está en las cercanías del motor u otra potente fuente de calor. Compruebe que la puerta de la nevera sella bien y no deja escapar el frío al exterior. La nevera debe tener un desagüe en su parte inferior por donde bombear el agua condensada o fundida de los hielos que pudiéramos tener en el interior. Este desagüe tiene que estar dotado de un sifón para que el aire frío no pueda escapar por él.

 

El agua de la cocina

Ya comentado en otros artículos, podemos prever un mínimo de 2 ó 3 litros de agua por persona y día. Por ello si vamos a navegar por el océano tenemos que prever un mínimo de 30 días sin repostar que multiplicado por ejemplo por 6 tripulantes nos darían unos 500 litros de agua dulce. Y si hablamos de un mínimo queremos decir que en clima ecuatorial es casi seguro que una persona pueda llegar a beber el doble y esto sin tener en cuenta el agua dulce utilizada para lavar o aseos personales. Por ello, sobre el valor mínimo debemos hacer una sobreestimación del 50% pues no hay nada más estresante que alagar una travesía viendo como se agotan nuestras existencias de agua dulce.

Además de llevar agua en los tanques de agua potable debemos llevar una buena cantidad en botellas de 5 litros de plástico. En caso de tener que abandonar el barco por causas extremas, el agua dulce de las botellas de plástico pueden ser llevadas a la balsa salvavidas o llevarlas simplemente atadas con un cabo, pues al ser más ligeras que el agua de mar flotan en la superficie. Las botellas vacías de 5 litros serán también de inestimable ayuda cuando estemos bajos de agua y lleguemos a algún destino en donde exista agua dulce pero sea necesario trasladarla hasta el barco. Los tanques de 20 litros que encontramos en las tiendas de náutica pesan un montón y son muy incómodos de manejar.

Si el barco tiene agua en varios depósitos, debemos consumir agua alternativamente de todos ellos. Imagine que hemos gastado el tanque 1 y comprobamos abrumados como el segundo y último tanque está contaminado y no se puede utilizar, o se ha vaciado porque alguien se dejó un grifo abierto toda la noche. ¡Nos habríamos quedado sin margen de maniobra! Para evitar disgustos es muy conveniente desconectar el sistema eléctrico de presión de agua salvo cuando vayamos realmente a utilizar agua dulce. Así evitamos perdidas o despistes que pudieran vaciar uno o varios tanques en unas cuantas horas.

Si dispone de mucha energía eléctrica a bordo y tiene dinero para su adquisición, una planta desaladora es una excelente opción, ya que aunque aún sigan costando un dineral, el precio se ha reducido mucho en los últimos años. Si este es el caso, debe llevar, a pesar de todo, una buena cantidad en reservas, por si pudiera fallar la desaladora en alta mar.

 

 

 

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