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Elegir las defensas

Son los “parachoques” de nuestros queridos barcos. Los protectores de los cascos y la primera barrera defensiva frente a los “agresores” externos. Existen de varios tipos, formas y tamaños... Y también tienen más de una utilidad a bordo.

Actúan como un colchón de aire entre nuestro casco y el pantalán u otros barcos, evitando la brusquedad de los choques y por tanto el deterioro de nuestro gelcoat y también de la estructura interna del casco. En invierno los barcos a flote “bailan” mucho y no sólo debemos escoger las defensas apropiadas. Es muy importante saberlas colocar adecuadamente para que actúen con eficacia.

La mayoría están formadas por un cilindro de goma plástica que forma una cámara de aire capaz de estrujarse y por tanto de adsorber la energía del choque gracias a su deformación elástica. Parte de la energía del choque se convierte en calor (la defensa se caliente al ser golpeada una y otra vez) y otra parte de la energía se refleja de forma elástica. La defensa actúa como si se tratara de un muelle.

 

Cuando estamos amarramos de costado a un muelle, lo normal es colocar las defensas justo encima de la línea de flotación, de tal forma que la altura media de la defensa coincida con la parte más amenazadora del pantalán.

Para que trabajen mejor es conveniente que exista una fuerza que tire de ellas hacia abajo para que queden siempre en posición vertical. El truco consiste en atarlas a su parte interior un poco de cadena o algún objeto pesado.

 

 

Si se trata de abarloar el barco con otros, debemos buscar la zona más manguda de nuestro barco y la del casco del vecino, que generalmente se encuentra notablemente por encima de la línea de flotación.

Cuando amarramos a una pilastra la colocación de las defensas puede llegar a resultar un desafío, pues será complicado lograr que se queden en su sitio para proteger el casco. Una solución consiste en posicionar la defensa de forma horizontal y sujetarla con dos cabos a ambos extremos de la defensa. Otra buena solución consiste en dejar colgado un tablón e forma horizontal y que apoye en dos de nuestras defensas. El tablón actuará como primera barrera defensiva.

 

En una maniobra complicada, o cuando necesite una gran defensa, lo mejor es sujetar varias juntas con un par de cabos hasta formar una de grandes dimensiones.

Si disfruta siempre del mismo amarre, se puede instalar una protección de pantalán que queda atornillada permanentemente al muelle, lo cual tiene la ventaja de evitar tener que andar quitando y poniendo defensas.

En las defensas el tamaño si que importa. ¿Pero de que dimensiones debemos escogerlas? Si tiene dudas, escoja la más grande aunque con ciertos límites, pues luego tendrá que guardarlas en algún cofre de la embarcación. Algunos barcos de motor tienen instaladas a ambas amuras unas parrillas sujetas al balcón en las que alojar las defensas cuando están no están siendo utilizadas. Una norma para elegir el tamaño es la de contar unos 1,5 centímetros de diámetro por cada metro de eslora. Según esta norma, para un barco de 12 metros utilizaremos defensas de unos 20 centímetros de diámetro. Para las defensas con forma cilíndrica lo mejor es aplicar esta fórmula pero multiplicando el diámetro por 2.

Pero lo más importante es combinar el uso de las defensas con una correcta colocación de los cabos de amarre. Para colgarlas de los guardamancebos debemos hacer un sencillo nudo de defensas con vuelta mordida que tiene la ventaja de poderse deshacer de forma inmediata, aunque también existen ganchos de plástico diseñados para este uso. Siempre que pueda, y coincida en posición, sujételas a los candeleros pues con el tiempo, si colgamos mucho peso de las líneas, estas tenderán a ceder y por tanto quedar flojas y feas.

 

Eslora

Defensa cilíndrica

Defensa esférica

Hasta 15 pies

7 centímetros

No está recomendado

desde16 a 20'

10 centímetros

20 centímetros

desde 21 a 25'

12 centímetros

20 centímetros

desde 26 a 30'

15 centímetros

30 centímetros

desde 31 a 35'

15 centímetros

30 centímetros

desde 36 a 40'

20 centímetros

40 centímetros

desde 40 a 50'

25 centímetros

50 centímetros

 

 

 

Los otros usos

 

Pero como casi todo en un barco, las cosas tienen múltiples usos.

 

Una defensa arrojada al mar puede valernos para hacer prácticas de maniobras o ensayar el “hombre al agua” sin necesidad de tirar a nadie por la borda…

 

Las defensas permiten señalar una posición en el mar si las amarramos a un objeto pesado, o crear interesantes artilugios como la boya de orinque que permitirá marcar el punto de la vertical donde hayamos tirado el ancla, en fondeaderos muy concurridos. Con el truco de una pequeña polea y peso al otro extremo, conseguiremos resolver el problema inherente al desconocimiento de la profundidad del fondeo. 

 

También nos valdrán para proteger la cubierta contra la cadena de fondeo. Para ello la sujetaremos desde ambos extremos con sendos cabos, de modo que la cadena deslice por la defensa en vez de arrastrarse por la cubierta y rayar la regala.

 

Una defensa cilíndrica también puede actuar como amortiguador del cabo de amarre, aunque obviamente lo mejor es utilizar los muelles en inox específicamente pensados para esta labor.

Lo que desde luego es imprescindible es el uso de algún método para amortiguar los tirones. En caso en contrario en solo un par de meses las estachas habrán sido lijadas hasta cortarse por las fuerzas de fricción.

Y si las colocamos con habilidad bajo la popa, podrán evitar o al menos reducir el molesto ruido del chapoteo cuando estemos  durmiendo en un fondeo.

 

 

 

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