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Los catavientos

 

 

Un instrumento de mucha utilidad que podría catalogarse como de imprescindible en un velero, fiable al máximo y de precio despreciable. Son los catavientos y nos ayudarán a lograr lo mejor de nuestras velas.

 

Las velas actúan como verdaderos convertidores de energía robando velocidad al viento y por tanto arrancándole parte de su energía cinética, que pasa al barco como energía propulsora limpia e inmaculada. Por ello es muy importante saber como trabajan las velas y la importancia de que “pinten” lo mejor que puedan. El viento queda separado por la vela en dos caras lo cual origina dos láminas de aire que deben circular de la forma limpia y sin remolinos.

El catavientos nos indica la dirección del viento como también lo hace la veleta de nuestro anemómetro. Pero el catavientos nos indica la dirección de las láminas de aire desviadas por nuestra vela. Y esto es importante para lograr un ajuste fino de la vela.

Los catavientos son verdaderamente imprescindibles para ajustar las velas ya que al ser muy ligeros desvelan con perfección lo que está haciendo el aire allí donde están colocados. Las capas de aire tienden a despegarse del tejido de la vela y a cambiar de dirección en los distintos puntos de su superficie. Por ello en cada vela debemos tener varios grupos de catavientos que nos servirán como testigos de lo que pasa “allí arriba”.

 

Ajustar una vela es algo más que largar o cazar un poco de la escota. Ni mucho menos! También se debe jugar con la posición del carro de escota el punto de tiro del génova en su carril, la tensión de la driza y del pajarín, tensar o aflojar la baluma, y todo ello para lograr cambios de embolsamiento en el tejido y por tanto definir distintas formas en la vela y por tanto sacar el mejor comportamiento.

 

Cuando el génova está bien ajustado, los catavientos quedan peinados hacia atrás siguiendo la forma de la vela. Si el catavientos de sotavento sube por la vela o se “pone” a mirar hacia la proa debemos largar escota o ceñir al viento. Por el contrario, si es el catavientos de barlovento el que lo hace, debemos cazar algo de escota o abatir ligeramente.

Ajustar todos los catavientos es tarea para nota. De entrada nos fijaremos en la pareja que esté a media altura de la vela o lo más próxima al centro vélico situada algo por debajo de la mitad de la altura. Luego debemos ajustar hasta que todos los catavientos peinen correctamente. Al cambiar la tensión de la driza y otros ajustes estamos cambiando la forma de la vela y por tanto podemos hacer que esta sea más plana o que embolse más en la zona baja. Estos ajustes son más complicados pero a veces necesarios para lograr el máximo rendimiento de nuestras velas.

 

La instalación de los catavientos es más que sencilla. Herramientas cero. Basta un poco de tejido de Spi preferiblemente de color rojo y verde. No sea rebelde y utilice el color rojo para el lado de babor y el verde para el de estribor. Lo cortaremos con un cuchillo caliente para que no se deshilache y siguiendo una regla de madera como guía para que las tiras queden bien rectas, haciendo varias tiras finas de un centímetro de anchura y de una longitud de unos 30 centímetros. Las pegaremos de forma simétrica en ambas caras de la vela mediante un parche redondo y con un poco de cola de contacto. En vez de las tiras de tejido de Spi, también se utilizan hilos de lana de estos dos colores, que se pasan con una aguja a ambos lados de la vela con un nudo para que queden fijados.

 

 

Colocar los catavientos en el Génova

Conviene poner 3 pajeras de cataviento a 3 alturas diferentes, dejando la misma distancia entre catavientos. Si por ejemplo la vela tiene una altura de 10 metros, pondremos la primera pareja a los 2,5 metros, la segunda a los 5 metros de altura y la última a los 7,5 metros de alto. Es decir basta con dividir la altura de la vela por 4, o en general, por n+1 (siendo “n” claro, el numero de parejas de catavientos utilizadas).  

Los catavientos inferiores los colocaremos muy cerca del borde de ataque a cerca del 5% de su anchura en esa zona. Es decir, si a 2,5 metros de alto la anchura de la vela es de 5 metros, pondremos el catavientos a unos 5 centímetros del borde de ataque (cerca del enrollador o de los garruchos). Los siguientes los retrasaremos un 2% unos de otros. Si la posición coincide con una costura, pase de ella y póngalo inmediatamente detrás, ya que en las costuras las tiras catavientos tienen la desagradable manía de quedarse enganchadas, lo cual molesta mucho!   

 

Para recordar el parche redondo de unos 4 ó 5 centímetros de diámetro, podemos valernos de un pequeño vaso de cristal y un “cuter” afilado y calentado con una llama. Si quiere el parche redondo puede hacerse con tela de spinaker blanca para que no quede un círculo tan “cantoso”.

Pintaremos con lápiz la forma redonda donde vaya puesto cada parche y así podremos untarla sin pasarnos con cola de contacto. El pegamento de contacto funciona como lo indica su nombre, es decir por contacto… O sea, que debemos untar de pegamento las dos cosas que se van a pegar, en este caso la vela y el parche. Esperamos 2 ó 3 minutos, y cuando al tocar con el dedo ya no salgan hilillos pero notemos que pega, entonces ha llegado el momento de apretar con fuerza y proceder al pegado. Lógicamente antes de poner el parche habremos de poner la tira catavientos también pegada de la misma forma.

 

Colocar los catavientos en la vela mayor 

Procederemos igual que con el génova, pero utilizando una pareja de catavientos a la altura de cada sable y justo en el extremo de ellos.

 

 

 

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