Lo que
durante siglos fue uno de los ecosistemas más ricos del océano
abierto se ha convertido, cuando llega a tierra, en una amenaza para
el turismo, la pesca, la navegación y la economía de decenas de
islas caribeñas.

En los
pueblos costeros reina un silencio inquietante. Los turistas han
desaparecido prácticamente de la noche a la mañana. Los negocios
están cerrados. Los amarres normalmente
imposibles de encontrar, están vacíos. Es cierto que estamos al
final de la temporada alta (Caribe), pero nunca había sido así. Y en
algunos momentos el ambiente
es irrespirable debido a la putrefacción de estas algas. El puerto deportivo donde esperaba amarrar
el barco
es prácticamente inaccesible por la densa capa de sargazo. Las embarcaciones, inmóviles en sus
amarres, parecen abandonadas, varadas en una espesa sopa marrón sin
la más mínima ondulación que delate que aún hay agua debajo de ellas.
Mucho más que un alga
Aunque
solemos hablar del sargazo como si fuera una única especie, en
realidad se trata principalmente de dos especies pelágicas:
Sargassum natans y Sargassum fluitans y a diferencia de la mayoría
de las algas, éstas nunca necesitan fijarse al fondo marino.
Permanecen flotando gracias a pequeñas vejigas llenas de gas que
funcionan como diminutos flotadores naturales.

Durante
siglos formaron enormes agregaciones en el conocido “Mar de los
Sargazos”, allá por dónde está el famoso "triángulo de las Bermudas", una región del Atlántico Norte donde las corrientes
oceánicas crean un gigantesco remolino que mantiene las algas
confinadas en alta mar. Allí cumplen una función ecológica
extraordinaria. Cada zona de sargazo funciona como un arrecife
flotante que alberga mucha vida marina.
Entre
sus ramas viven más de 300 especies de invertebrados y alrededor de
120 especies de peces. Peces voladores, peces ballesta, dorados,
petos, atunes, tortugas marinas e incluso algunas especies de
tiburones utilizan estas masas como refugio, zona de alimentación o
guardería para sus crías. Para cualquier pescador de altura,
encontrar una línea de sargazo suele equivaler a encontrar vida.
¿Por qué han proliferado tanto?
No está
claro...
Hasta 2011 apenas existían registros de grandes invasiones de
sargazo en el Caribe. Sin embargo, en apenas quince años ha
aparecido un nuevo fenómeno oceánico: el Gran Cinturón Atlántico de
Sargazo, una franja que algunos años supera los 8.000 kilómetros de
longitud y que puede contener más de 35 millones de toneladas de
biomasa flotante se expande de forma desmedida.

Los
científicos creen que no existe una única explicación, sino la
combinación de varios factores. El primero es el aumento del aporte
de nutrientes. Los ríos Amazonas y Congo transportan hoy cantidades
muy superiores de nitrógeno y fósforo procedentes de fertilizantes
agrícolas, aguas residuales y deforestación. Estos nutrientes actúan
como un gigantesco fertilizante oceánico.
El
segundo factor es el calentamiento del océano. Las aguas
superficiales del Atlántico tropical son ahora entre medio grado y
un grado más cálidas que hace cuarenta años. Puede parecer poco,
pero para muchas algas supone una diferencia enorme en su velocidad
de crecimiento y reproducción. A ello se suma la alteración de las
corrientes oceánicas y de los patrones de viento asociada tanto al
cambio climático como a fenómenos como La Niña y El Niño. Estas
variaciones modifican el transporte del sargazo desde el Atlántico
ecuatorial hacia el Caribe.

Algunos
estudios también apuntan a un aumento del polvo procedente del
desierto del Sáhara. Este polvo contiene hierro y fósforo, dos
nutrientes esenciales para el crecimiento de muchas algas. El resultado es un sistema que parece
haber encontrado un nuevo equilibrio... pero uno muy distinto al que
conocíamos.
Cuando el paraíso deja de oler a mar
Mientras permanece en alta mar, el sargazo representa uno de los
ecosistemas más productivos del planeta. Pero todo cambia cuando alcanza
la costa. Las acumulaciones pueden superar el metro de espesor. En
pocos días comienza la descomposición bacteriana. Durante ese
proceso se libera sulfuro de hidrógeno, un gas tóxico responsable
del característico olor a huevos podridos.

En
concentraciones elevadas provoca irritación ocular, problemas
respiratorios, cefaleas y náuseas. Para personas asmáticas o con
enfermedades pulmonares, la exposición prolongada puede convertirse
en un serio problema de salud. Bajo esas enormes masas de algas también
disminuye drásticamente el oxígeno disuelto en el agua.
Los
peces mueren. Las praderas de fanerógamas marinas desaparecen. Los
corales reciben menos luz. Las tortugas encuentran enormes
dificultades para acceder a las playas donde tradicionalmente
anidan.
Navegar entre algas
Para
los navegantes el problema va mucho más allá del aspecto visual. El
sargazo obstruye las tomas de agua de refrigeración, inutiliza
bombas, reduce la eficacia de hélices y propulsores, atasca los
sistemas de aire acondicionado marino y puede provocar
sobrecalentamientos graves en motores fueraborda e intraborda.
En
algunas marinas resulta literalmente imposible entrar o salir
durante varios días. Las maniobras de fondeo también se complican
enormemente porque el patrón pierde visibilidad sobre el fondo y las
cadenas quedan enterradas bajo enormes masas vegetales. Muchos
puertos deportivos necesitan dragas, barreras flotantes y
embarcaciones recolectoras trabajando diariamente durante meses.

Las
entradas a las marinas se vuelven intransitables. Los sistemas de
refrigeración se obstruyen. Las tomas de agua se atascan. Las anclas
desaparecen bajo mantos tan espesos que se asemejan más a una
turbera empapada que al mar. Navegar entre densas acumulaciones de
sargazo puede provocar un rápido sobrecalentamiento de los motores. Incluso cuando la
navegación sigue siendo técnicamente posible, la experiencia resulta
desagradable.
Los puntos calientes del Caribe
Las
zonas más castigadas cambian ligeramente cada año según las
corrientes y el viento, pero existe un patrón bastante claro. Las
costas orientales de Barbados suelen ser las primeras en recibir las
oleadas de sargazo. Después llega a Santa Lucía, Martinica, Guadalupe, Dominica
y San Vicente. Más al oeste, la situación es especialmente
complicada en la Riviera Maya mexicana, donde localidades como Tulum,
Akumal, Puerto Aventuras y Mahahual soportan enormes masas de
sargazo durante buena parte del año.
También
sufren episodios importantes Jamaica, República Dominicana, Puerto
Rico, las Islas Vírgenes, Belice y buena parte del litoral norte de
Honduras. En Estados Unidos, los Cayos de Florida y algunas playas
del sur de Florida experimentan invasiones cada vez más frecuentes.

En
abril, la NOAA llegó incluso a desarrollar una herramienta de
seguimiento con actualizaciones diarias del riesgo, cuya consulta
resulta muy recomendable antes de planificar cualquier travesía o
salida de navegación por las Antillas. En toda la región, desde el
norte de Brasil hasta el sur de Florida, comunidades enteras están
lidiando con sus consecuencias.
La
Riviera Maya, en México, se ha convertido en uno de los frentes más
visibles de esta batalla. Allí, las autoridades han desplegado
embarcaciones de la Armada y personal militar para interceptar las
algas antes de que cubran las playas y colapsen las marinas. Suena
exagerado hasta que uno lo ve con sus propios ojos. Entonces empieza
a parecer una auténtica guerra de desgaste, con trabajadores
exhaustos paleando sargazo en descomposición para formar montones
que luego son retirados.
¿Tiene solución?
Eliminar el sargazo una vez llega a tierra es extraordinariamente
caro. Muchos países utilizan barreras flotantes para desviarlo antes
de que alcance las playas. Otros emplean embarcaciones
especializadas capaces de recoger cientos de toneladas diarias. Sin
embargo, numerosos científicos consideran que la verdadera solución
pasa por interceptarlo mar adentro, donde aún conserva gran parte de
su valor ecológico y resulta mucho más sencillo aprovecharlo
industrialmente.

Hoy se
investiga su utilización para fabricar fertilizantes, biogás,
bioplásticos, ladrillos ecológicos, materiales aislantes e incluso
productos farmacéuticos. El problema es que las cantidades que
llegan cada año superan ampliamente la capacidad actual de
aprovechamiento. Además, el sargazo puede acumular metales pesados y
arsénico absorbidos del agua de mar, lo que limita algunos de sus
posibles usos agrícolas y alimentarios.
Un nuevo Caribe
Quizá
lo más preocupante no sea el sargazo en sí. Lo inquietante es que ya
no parece un fenómeno excepcional. Todo indica que el Gran Cinturón
Atlántico de Sargazo se ha convertido en una característica
permanente del Atlántico tropical. Los modelos climáticos sugieren
que, mientras persistan las actuales condiciones de temperatura,
nutrientes y circulación oceánica, estas proliferaciones seguirán
produciéndose año tras año.
El
Caribe siempre ha vivido mirando al mar. Hoy sigue haciéndolo, pero
con una mezcla creciente de admiración y preocupación. Porque el
mismo océano que alimenta la pesca, impulsa el turismo y da sentido
a la vida de millones de personas también está enviando un mensaje
inequívoco: los equilibrios del Atlántico están cambiando.
Pero
aún quedan algunos aspectos positivos; Los atunes de aleta amarilla
se acercan a la costa más que nunca, siguiendo las corrientes ricas
en nutrientes. De repente puede comprarse un magnífico lomo de atún
por muy poco dinero. Y quizá, por primera vez en muchos años, conseguir un
amarre en una marina sea realmente económico.

El
sargazo puede proteger el litoral frente a las marejadas ciclónicas,
ayudando a estabilizar e incluso formar playas y dunas, de manera
similar a los manglares o los arrecifes. Los agricultores llevan
mucho tiempo utilizándolo como fertilizante. Los investigadores
estudian su posible aprovechamiento para producir biocombustibles,
productos farmacéuticos y materiales de construcción. Algunos
emprendedores ven oportunidades donde otros solo contemplan una
catástrofe.
El
Caribe siempre ha mantenido un delicado equilibrio con el mar, pero
la magnitud de estas masas vegetales es diferente. Más permanente.
Más estructural. El océano, que durante tanto tiempo simbolizó
libertad y abundancia, llega ahora cargado de señales de
advertencia.
Artículos relacionados:
-
Yucatán; buceo sin límite
-
Navegar por el Caribe
-
Navegar por el
Caribe... ¿es seguro?