Enewetak es uno de los archipiélagos de arrecifes de coral de esta
remota zona del pacífico, formado por más de mil islas e islotes que
componen las Islas Marshall. Allí se encuentra un enorme domo de
hormigón de casi medio metro de espesor, que tras 50 años se
resquebraja dejando al descubierto el material radioactivo
abandonado a su suerte. En las tormentas, el agua barre el arrecife
y las olas arrastran los desechos al mar.

Durante
estas pruebas nucleares, algunas de las esferas de plutonio de
bombas mal diseñadas no llegaron a desencadenar la reacción nuclear
de fisión, dejando el plutonio no fisionado esparcido en cientos de
fragmentos debido a la explosión tradicional que debería haber
desencadenado la fisión nuclear. Posiblemente unos 400 kilos del
peligrosísimo plutonio radioactivo, desperdigados por todas partes,
junto con isótopos no menos tóxicos de americio 241 o estroncio 90.
Un solo miligramo de plutonio 239 produciría cáncer al ser inhalado
y emitir dentro de un organismo partículas alfa que son
extremadamente destructivas al dañar el ADN celular.

Los
soldados norteamericanos, engañados por sus superiores, se
encargaron de la construcción del escudo de hormigón, y aún siguen
muriendo de cáncer en medio de un completo secretismo. Nunca fueron
avisados de la enorme peligrosidad de sus trabajos. Ni siquiera
fueron reconocidos como veteranos damnificados para evitar gastos
médicos e indemnizaciones. Trabajos realizados sin ningún tipo de
protección, prescripción ni información… En mangas de camisa. Los
locales lo llaman “the tomb” en vez de “the dome”, por la toxicidad
de este “punto cero” contaminado por plutonio, uno de los elementos
más tóxicos que existen. En las Marshall también reposan los restos
de centenares de barcos japoneses hundidos en absurdas pruebas
nucleares, tras la rendición y finalización de la segunda guerra
mundial.

En
mitad de un enorme y antiguo volcán submarino de unos 15 kilómetros
de radio, emerge un anillo formado por 40 islotes, uno de los cuales
llamado Runit, fue aleatoriamente escogido como epicentro para el
desastre. Y en su mitad aparece el “Domo”, sin carteles que avisen
de tan enorme toxicidad, sin perímetros de vallas, sin ningún
control.

Desde
1946 a 1958 la marina norteamericana detonó decenas de bombas
nucleares a solo 300 kilómetros de algunas islas habitadas por
poblados de pescadores locales. Sus habitantes fueron despoblados de
sus tierras que tuvieron que abandonar, además de ser engañados de
la supuesta poca peligrosidad de estas pruebas atómicas. Algunos
islotes simplemente desaparecieron volados por los aires en medio de
monstruosas deflagraciones, entre las cuales destaca la bomba
“Castle Bravo” la mayor bomba atómica jamás detonada, 1.000 veces
más potente que la bomba de Hiroshima.

Los
habitantes locales desarrollaron, como consecuencia de tan
devastadoras pruebas nucleares, diversos tipos de cáncer durante las
siguientes décadas. En 1986 el gobierno USA pagó la ridícula cifra
de 150 millones de dólares en concepto de indemnización y ayuda para
crear la independencia de las Islas Marshall como estado
independiente. Más delante, un tribunal independiente condenó al
estado norteamericano a pagar más de 2.000 millones de dólares a las
víctimas del programa nuclear, de los cuales solo pagaron 4
millones... y continúan las reclamaciones jamás atendidas.

Todos
los desechos nucleares y restos contaminados por plutonio, fueron
metidos dentro de un cráter creado por la detonación de una de estas
bomba nuclear en mitad del arrecife para ser tapado por el famoso
domo de 80.000 metros cúbicos de hormigón que ahora se resquebraja.
Pero lo peor es que el cráter es poroso al haberse originado en un
arrecife de coral, permitiendo el intercambio de agua con el mar. Si
en mitad de un gran tifón el domo llegara a partirse, liberaría de
golpe todo este material contaminado que podría repartirse por todo
el océano pacífico. El domo se levanta a solo un metro sobre el
nivel del mar lo cual hace que sea barrido por la mar de 6 a 8 veces
al año durante fuertes tormentas, y dado que la vida media atómica
del material radioactivo es de 24.000 años, es evidente que en un
momento u otro acabará cediendo.

El
gobierno USA prohíbe la importación de alimentos o peces de estas
aguas por el riesgo de contaminación nuclear. El abandono durante
décadas de estas pesquerías ha hecho que la vida marina eclosione
con fuerza en este archipiélago, lo que constituye una tentación de
capturas para los pescadores locales.
La
desvergüenza y atropello de la clase política norteamericana que
tomaron estas horribles decisiones es injustificables. Un agravio
imperdonable por la falta de compensaciones incluso hasta con sus
propios soldados. Este es el legado dejado por EEUU en el pacífico,
que no dista mucho de las barbaries que ejecutaron los Franceses en
la Polinesia francesa, haciendo sus respectivas pruebas y ensayos de
bombas nucleares también en el océano pacífico…

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