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El domo de la vergüenza

 

 

En uno de los mares más remotos y bellos del planeta se encuentra el domo más radiactivo y peligroso del mundo. Un "monumento" a la sinrazón, un atentado contra el planeta fruto de las peores pruebas nucleares del gobierno norteamericano de los años 50. Un paraíso ahora cancerígeno que nadie debería visitar jamás.

En mitad del océano Pacífico entre Australia y las Islas Hawai, se encuentran las Islas Marshall, es dónde la administración norteamericana tuvo la nefasta idea de estallar medio centenar de bombas nucleares

que devastó los atolones Bikini en varios kilómetros a la redonda. ¿El resultado? una enorme contaminación nuclear que el ejército USA intentó esconder y enterrar para contener los restos de plutonio radioactivo.

Enewetak es uno de los archipiélagos de arrecifes de coral de esta remota zona del pacífico, formado por más de mil islas e islotes que componen las Islas Marshall. Allí se encuentra un enorme domo de hormigón de casi medio metro de espesor, que tras 50 años se resquebraja dejando al descubierto el material radioactivo abandonado a su suerte. En las tormentas, el agua barre el arrecife y las olas arrastran los desechos al mar.

 

 

Durante estas pruebas nucleares, algunas de las esferas de plutonio de bombas mal diseñadas no llegaron a desencadenar la reacción nuclear de fisión, dejando el plutonio no fisionado esparcido en cientos de fragmentos debido a la explosión tradicional que debería haber desencadenado la fisión nuclear. Posiblemente unos 400 kilos del peligrosísimo plutonio radioactivo, desperdigados por todas partes, junto con isótopos no menos tóxicos de americio 241 o estroncio 90. Un solo miligramo de plutonio 239 produciría cáncer al ser inhalado y emitir dentro de un organismo partículas alfa que son extremadamente destructivas al dañar el ADN celular.

 

 

Los soldados norteamericanos, engañados por sus superiores, se encargaron de la construcción del escudo de hormigón, y aún siguen muriendo de cáncer en medio de un completo secretismo. Nunca fueron avisados de la enorme peligrosidad de sus trabajos. Ni siquiera fueron reconocidos como veteranos damnificados para evitar gastos médicos e indemnizaciones. Trabajos realizados sin ningún tipo de protección, prescripción ni información… En mangas de camisa. Los locales lo llaman “the tomb” en vez de “the dome”, por la toxicidad de este “punto cero” contaminado por plutonio, uno de los elementos más tóxicos que existen. En las Marshall también reposan los restos de centenares de barcos japoneses hundidos en absurdas pruebas nucleares, tras la rendición y finalización de la segunda guerra mundial.

 

 

En mitad de un enorme y antiguo volcán submarino de unos 15 kilómetros de radio, emerge un anillo formado por 40 islotes, uno de los cuales llamado Runit, fue aleatoriamente escogido como epicentro para el desastre. Y en su mitad aparece el “Domo”, sin carteles que avisen de tan enorme toxicidad, sin perímetros de vallas, sin ningún control.

 

 

Desde 1946 a 1958 la marina norteamericana detonó decenas de bombas nucleares a solo 300 kilómetros de algunas islas habitadas por poblados de pescadores locales. Sus habitantes fueron despoblados de sus tierras que tuvieron que abandonar, además de ser engañados de la supuesta poca peligrosidad de estas pruebas atómicas. Algunos islotes simplemente desaparecieron volados por los aires en medio de monstruosas deflagraciones, entre las cuales destaca la bomba “Castle Bravo” la mayor bomba atómica jamás detonada, 1.000 veces más potente que la bomba de Hiroshima.

 

 

Los habitantes locales desarrollaron, como consecuencia de tan devastadoras pruebas nucleares, diversos tipos de cáncer durante las siguientes décadas. En 1986 el gobierno USA pagó la ridícula cifra de 150 millones de dólares en concepto de indemnización y ayuda para crear la independencia de las Islas Marshall como estado independiente. Más delante, un tribunal independiente condenó al estado norteamericano a pagar más de 2.000 millones de dólares a las víctimas del programa nuclear, de los cuales solo pagaron 4 millones... y continúan las reclamaciones jamás atendidas.

 

 

Todos los desechos nucleares y restos contaminados por plutonio, fueron metidos dentro de un cráter creado por la detonación de una de estas bomba nuclear en mitad del arrecife para ser tapado por el famoso domo de 80.000 metros cúbicos de hormigón que ahora se resquebraja. Pero lo peor es que el cráter es poroso al haberse originado en un arrecife de coral, permitiendo el intercambio de agua con el mar. Si en mitad de un gran tifón el domo llegara a partirse, liberaría de golpe todo este material contaminado que podría repartirse por todo el océano pacífico. El domo se levanta a solo un metro sobre el nivel del mar lo cual hace que sea barrido por la mar de 6 a 8 veces al año durante fuertes tormentas, y dado que la vida media atómica del material radioactivo es de 24.000 años, es evidente que en un momento u otro acabará cediendo.

 

 

El gobierno USA prohíbe la importación de alimentos o peces de estas aguas por el riesgo de contaminación nuclear. El abandono durante décadas de estas pesquerías ha hecho que la vida marina eclosione con fuerza en este archipiélago, lo que constituye una tentación de capturas para los pescadores locales.

La desvergüenza y atropello de la clase política norteamericana que tomaron estas horribles decisiones es injustificables. Un agravio imperdonable por la falta de compensaciones incluso hasta con sus propios soldados. Este es el legado dejado por EEUU en el pacífico, que no dista mucho de las barbaries que ejecutaron los Franceses en la Polinesia francesa, haciendo sus respectivas pruebas y ensayos de bombas nucleares también en el océano pacífico…

 

 

 

 

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