Lo que se conoce como “ósmosis” es
un conjunto de procesos que afectan a los cascos de fibra de
vidrio y que en la mayoría de los casos es mucho menos alarmante
de lo que muchos creen. Algunos lo llaman “ampollas” otros
ósmosis, sin saber realmente que bajo estas denominaciones se
esconden distintos procesos que atienden a distintos problemas y
por ello no existe un medidor que permita diagnosticar el
problema de
forma concreta.
La única manera de diagnosticar una
ósmosis en un casco es sacar el barco del agua y mirar para comprobar
si existen formaciones de ampollas. Como la ósmosis se desarrolla
paulatinamente, para hacer un buen diagnóstico es necesario limpiar
el casco con agua a presión para que se puedan apreciar con
facilidad la aparición de estas ampollas, que normalmente empiezan a
manifestarse primero en la pala del timón.
Los típicos medidores de humedad, no
miden realmente la humedad de un casco y mucho menos pueden medir el
grado de ósmosis de un casco. Lo que miden es la conductividad
eléctrica del casco y de ello se puede “deducir” de alguna manera la
humedad superficial, pero nunca la humedad interior del laminado.
Recordemos que el laminado de un barco típico suele llevar entre 10
y 15 capas de distintos tejidos de fibra de vidrio. Para conocer de
verdad el grado de humedad es necesario hacer una “cata” y enviar
al laboratorio, lo cual NO es una opción. El grado de humedad
interior de un casco puede estar relacionado con distintos problemas
que se meten en el mismo saco de la “ósmosis”, pero tener humedad en
el casco no
es automáticamente sinónimo de ósmosis.
Las resinas del laminado
Contrariamente a lo que pudiera
pensarse, la resina de poliéster (y en menor medida también el vinilester
y
el epoxi) no son del todo impermeables y con el tiempo van
absorbiendo agua. Se dice que son higroscópicas y por ello capaces
de retener agua.
El poliéster es capaz de retener entre
un 1% y 2% en peso. Así un casco de una motora de 9 metros podría
llegar a tener unos 50 litros de agua en su "interior" disuelto en la
resina de fabricación, sin tener en cuenta los posibles huecos que
quedaran en el laminado durante su fabricación. En un velero de por
ejemplo 15 metros y de un desplazamiento de 12 a 15 toneladas, la
cantidad de agua embebida en la misma resina puede ser de hasta 200
kilos! Se trata de un proceso “natural” que no tiene porqué
afectar estructuralmente al barco durante toda su vida.
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El gel-coat utilizado en exterior de
un laminado, no es más que resina del mismo tipo de poliéster, a la
cual se han añadido cargas y pigmentos (Blancos para el típico casco
de gelcoat blanco). Y por tanto la capa de gelcoat también absorbe humedad y es
propensa a la aparición de pequeñas ampollas.
La ósmosis es la capacidad de un
disolvente (agua en este caso) de traspasar una capa o “membrana”
porosa y a través de ella y difundirse al otro lado de la membrana.
Para que ocurra realmente un proceso de ósmosis, debe existir un
fluido a ambos lados de tal membrana, lo que NO es el caso en un
casco de un barco. Sin embargo con el tiempo, cuándo ya hay agua en
el interior del laminado, si que se produce un fenómeno de ósmosis
en dónde para equilibrar las concentraciones, el agua de mar del
exterior tiende a pasar al interior, aumentando la presión dentro
del laminado. Esta presión crea ampollas o burbujas llenas de ese
líquido ácido.

La causa real de las ampollas es la
humedad que se introduce en la resina del casco. La humedad puede
venir desde el mismo proceso de fabricación, o por una resina mal curada,
demasiado aireada al mezclarse con su catalizador al efectuarse el
laminado, huecos microscópicos de aire que queden entre capa y capa
del laminado, humedad que quede en el material utilizado para el
núcleo de un laminado, polvo impregnado en la laminación,
temperaturas inadecuadas durante el curado del casco,…
En mayor o menor medida, todos los
barcos tienen algo de la mal llamada ósmosis, y en muchos casos no
es un asunto tan grave. Cuando las ampollas son muchas e
importantes, si será necesario efectuar un trabajo en varadero
consistente en "pelar" la capa exterior y perforar las ampollas para
posteriormente proceder a aplicar una “barrera” que proteja el casco
afectado. Pero que quede claro, que ningún barco se hunde de
ósmosis, por grave que esta sea...

¿Por qué salen ampollas?
Las ampollas pueden ser desde puntitos
del tamaño de una burbuja de una bebida carbonatada, a grandes
bultos en ocasiones de más de 10 centímetros de diámetro, aunque
típicamente suelen ser de un centímetro.
Existen varias razones en la aparición
de ampollas. En la 10 o 15 capas de laminado del casco existen miles
de millones de microscópicas fibras de cristal que fueron “impregnadas”
en resina antes de su polimerización. Y ya entonces quedaron huecos
microscópicos aunque el casco se fabricara con métodos de infusión
al vacío. Cuánto más huecos microscópicos tenga el laminado más probables es que
se manifiesten ampollas durante la vida del barco.

Cuando el casco tenga piezas de madera
de balsa en su interior, lo cual ocurre con frecuencia en las
cubiertas de fibra de vidrio, al llegar la humedad a la madera de
balsa esta se pudrirá debido a la humedad, obligando a reparaciones más complejas y
costosas.
Los cascos de baja calidad están
construidos con muchas capas de “mat” en vez de utilizar tejidos de
fibra. El “mat” está formado por miles de millones de cachitos de
fibras microscópicas proyectados en el molde en todas direcciones.
Estas diminutas fibras actúan como pajitas por las que las moléculas
de agua penetran en el interior hasta llegar al núcleo de balsa.

Cuando se construye un casco desde su
molde, muchos astilleros aplican el gelcoat mediante spray lo cual
“airea” el poliéster creando millones de burbujas microscópicas.
Estas son los puntos de aparición de las primeras mini-ampollas del
gelcoat que normalmente tienen un diámetro de dos a cuatro
milímetros. La resina Vinilester es mucho más resistentes a la
formación de estas primeras ampollitas. Por ello en la publicidad de
los astilleros, se indica que el casco ha sido construido con resinas
de esta química.

Después de la capa de gelcoat, suele
encontrarse una capa de mat con resina, que no tiene carácter
estructural y actúa como medio de unión entre el gelcoat y la
primera capa de fibra de vidrio, tejida en biaxial o en más ejes.
Cuando el agua penetra con el paso del tiempo hasta el mat, este
dirige el agua por capilaridad a través de las fibras mal empapadas de resina,
hacia la primera capa del laminado. Las ampollas que se forman son
muy pequeñas.
Cuándo el agua llega a las capas de
laminado de tejido de vidrio, este agua se combina con elementos
solubles de la resina mal curada y queda atrapada en los huecos microscópicos. En la combinación del
agua con estas moléculas de resina se produce un proceso llamado
hidrólisis, creando una nueva molécula más grande que no puede
escapar con el hueco por el que ha entrado la molécula de agua. En
la hidrólisis los iones de oxigeno e hidrógeno del agua se combinan
con el material del laminado para producir otros compuestos de olor
avinagrado, que acaban por hinchar el laminado, creando las famosas
ampollas.

En los casos más extremos la
acumulación y presión interna de esas disoluciones puede deslaminar
las capas internas del tejido requiriendo retirar unos milímetros
del laminado para una vez limpio y TOTALMENTE seco, proceder a
relaminar para recuperar el espesor inicial del casco.

Al pinchar una de las ampollas
se libera un líquido ácido cuyo olor recuerda al
vinagre. La hidrólisis ha combinado el agua de mar con los solventes
interiores y la resina, dando lugar a esas molestas protuberancias.
Si no es posible pinchar con un punzón debemos perforar unos
milímetros con una broca de 1 milímetros para ver si hay hidrólisis,
en cuyo caso, será necesario avellanar la ampolla para lavar y secar
antes de proceder al rellenado y relaminado o aplicación de la
barrera anti-humedad.

La Hidrólisis en la formación de una ampolla
La resina de poliéster no es una
barrera perfecta. Con el tiempo, el agua se difunde a través del
gelcoat y la propia resina, a través de la capilaridad microscópica
de la fibras nanométricas de vidrio. Estas moléculas de agua
encuentran
las pequeñas micro-grietas, huecos o burbujas que siempre existen en
el laminado.
Una vez dentro de estos huecos, el
agua reacciona con los posibles componentes solubles de la resina. Esto incluye
subproductos de la fabricación, catalizadores que no reaccionaron
completamente o incluso el propio aglutinante de las fibras de
vidrio. Este proceso de descomposición química es la hidrólisis. El
resultado es un líquido ácido y corrosivo, que suele tener un
característico olor a vinagre (ácido acético) y una textura aceitosa
debido a su glicol.
Este líquido resultante tiene una alta
concentración de sales y ácidos. Como el gelcoat actúa de alguna
manera como una membrana semipermeable (deja pasar el agua, pero no
esas moléculas más grandes), el agua del exterior, menos
concentrada, es "aspirada" hacia el interior, en un intento de
equilibrar las concentraciones. Esta es la presión
osmótica propiamente dicha, que aumenta la presión dentro del hueco
y genera la ampolla.
La presión creciente, junto con la
degradación química continua, provoca que el gelcoat se deforme y
finalmente se levante, formando las conocidas ampollas. En casos
avanzados, la hidrólisis puede incluso atacar la interfaz entre la
fibra y la resina, causando un daño estructural más profundo. En
estos casos es necesario "pelar" el casco con una lijadora eléctrica
que levante una capa de un par de milímetros del casco que deberán
ser re-laminados mediante el laminado de un tejido nuevo. El
procedimiento es algo laborioso pero sencillo. Es del todo necesario
utilizar protecciones adecuadas y utilizar maquinaria con aspiración
pues la capa de fibras eliminada desprende un polvo muy dañino en
caso de ser respirado.
¿Cómo proceder a reparar una osmosis?
Secado prolongado: Esta es la fase más
crítica. El casco debe secarse completamente, un proceso que puede
durar desde varias semanas hasta meses, dependiendo del nivel de
humedad. Se controla constantemente con un higrómetro para asegurar
que el laminado esté completamente seco antes de continuar. A veces
se utilizan mantas térmicas e incluso un sistema de vacío con calor
para acelerar el proceso, que en los peores casos puede llevar
bastantes meses.

El sistema Hot-Vac consisten en la
aplicación de "mantas" térmicas con sellado de goma perimetral,
conectadas a tubos de aspiración que hacen el vacío para bajar la
presión en la capa exterior del casco. Esto acelera mucho el proceso
de evaporación y secado sin necesitar elevar de forma excesiva la
superficie sobre la que estamos trabajando.
Aplicar barrera epoxi: Una vez seco,
se aplican varias capas de una resina epoxi barrera que es mucho más
impermeable que la resina de poliéster original y sella el casco. Si
hemos "pelado" en barco, será necesario laminar una o varias capas
de tejido de fibra de vidrio, para restaurar el espesor original del
casco del barco.
Acabado: Finalmente, se aplican las
capas de imprimación y pintura antifouling para dar el acabado final
y proteger la nueva barrera.
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