.
Además, el precio es fundamental para la mayoría de los
aficionados. Ahora los barcos con 15 ó 20 años de edad se pueden
encontrar en el mercado de ocasión a precios muy interesantes.
Superada la época de Covid en la que los precios de ocasión se
volvieron “locos”, podemos encontrar veleros a una tercera o
cuarta parte de lo que cuesta un barco nuevo de similar eslora. Y
eso es mucha diferencia…
Conozcamos las ventajas y contrapartidas de los nuevos diseños,
que en muchos casos son muy relevantes y tentadoras, aunque quizás
no tanto como para dejar pasar la ocasión de modelos de las
décadas pasadas.
1. Ventanas y más ventanas
Una
tendencia imparable.… Los nuevos arquitectos navales nos ofrecen
barcos con mayores superficies acristaladas, y mayores ventanas
laterales en la obra muerta para conseguir espacios interiores muy
luminosos que mejoran las vistas al exterior. En algunos modelos,
el resultado es sorprendente. Mejoran las vistas panorámicas y
aumenta la luminosidad, mejorando la sensación de volumen y
habitabilidad, ya de por sí perfeccionada gracias al diseño de
cascos más planos y con mayores mangas en la zona de popa.

La
discusión se centra en la seguridad estructural al aumentar los
“huecos” dedicados al metacrilato de estas ventanas. La forma en
que la mayoría de astilleros fija las ventanas al casco de forma
enrasada consiste en pegados con poliuretanos y otros pegamentos
técnicos, que con el paso de los años y los movimientos y
flexiones del casco, pueden llegar a despegarse de forma parcial,
comenzando los problemas de filtraciones de agua al interior.

Pero
se producen quejas debido a falta de estanqueidad en algunas de
estas ventanas. La corrección no es barata, pues hay que despegar
una gran superficie acristalada, para volver a ser montada (si se
puede reaprovechar el metacrilato). Dependiendo del tamaño puede
llegar a costar varios miles de euros por ventana. Es un trabajo
delicado y requiere personal especializado para conseguir una
buena reparación.

En
contrapartida, las ventanas de fabricantes de toda la vida (Lewmar,
Goïot, etc…), aseguran la estanqueidad gracias a sus fijaciones
con tornillería y selladores, y una robustez demostrada. La moda
de enrasar ventanas en cubierta es muy atractiva, pero requiere
utilizar formas de la cubierta con canalizaciones de agua
alrededor de la ventana por debajo de la superficie de cubierta,
que pueden obstruirse.
2. Ruedas de gobierno
La
inmensa mayoría de nuevos modelos están fabricados con doble rueda
de timón. Esta configuración permite bañeras despejadas y un
amplio paso de la tripulación en crujía, pero…. Los mecanismos que
encontramos bajo la bañera para un doble sistema de gobierno son
el “doble” de complicados que en un monocasco de única rueda, y
por tanto existen el doble de oportunidades de fallos y
presupuestos de revisiones que costarán más cuando tras una decena
de años nos toque cambiar o actualizar guardines. Una doble rueda
también desperdicia espacio bajo el suelo de la bañera, y al
“bucear” dentro de los cofres de la bañera, encontraremos más
poleas y reenvíos que comen un espacio de estiba significativo.

Además es importante destacar que hay bastantes modelos de 20 o 30
años de vida, como por ejemplo son Nauticat o los Maramut, que a
pesar de tener una única rueda de timón, no pierden espacio en
bañera, al estar la rueda en un lateral, que deja la bañera tan
despejada como la de los barcos más actuales. Menos mecanismos,
menos posibles fallos…
3. Popas abatibles

La
imparable demanda por las popas basculantes, se traduce en que el
75% de todos los nuevos veleros vienen equipados con popas que se
abaten, y que al bajar ofrecen una superficie casi a ras de agua a
modo de playa de baño o plataforma de popa. Durante el fondeo,
aumenta el espacio real de la bañera, que con un solo escalón nos
permite bajar a la “terraza” justo sobre el mar. Todo parecen
ventajas.

Pero
este tipo de construcción reduce de forma significativa la rigidez
estructural del casco que al combinarse con los ahorros de costes
en astillero, conducen a popas más delgadas y fáciles de romper si
en una maniobra chocamos de popa contra el pantalán. He observado
en barcos actuales, espejos de popa, o mejor dicho “u” de popa,
extremadamente delgadas y pegadas en vez de laminadas como Dios
manda. Por supuesto que me gustan las playas de baño que
extendemos al llegar a la cala, en donde nadar y pasar el día.
Pero… ¿a qué precio?

Las
popas abatibles requieren bisagras que por mucho que sean gruesas
acaban fallando en cuanto le demos un golpe a la plataforma
abatible contra el pantalán. Este artilugio de popa requiere
poleas para su movimiento, y algunas van equipadas por un actuador
lineal eléctrico que sin duda acabará dando problemas con el paso
del tiempo.

Los
bancos de popa en los que nos sentábamos han recudido su tamaño y
aumentado su incomodidad, frente a una borda rígida más alta y por
supuesto más segura. En otros modelos, la plataforma basculante no
está reñida con la seguridad al ser un plano “añadido” pero que
aumenta el peso de la popa y sobre todo el precio de construcción.
4. Carenas planas
Se
trata de favorecer la velocidad mediante carenas planeadoras al
estilo de los barcos de regatas transmundistas. La inmensa mayoría
de los astilleros van por este camino y cerca de un 80% de los
nuevos modelos proponen este tipo de carena. Por supuesto que son
barcos más rápidos, pero también muy incómodos para navegar con
mares cargados que obligan a fuertes pantocazos, que estresan de
forma significativa toda la estructura, equipos e instalaciones.
La mayoría de nosotros deseamos barcos rápidos, pero no somos
deportistas de élite ni queremos soportar los golpazos y ritmos de
navegación de los barcos más rápidos. Una carena moderna se echa a
perder con el peso del equipamiento de un crucero típico, al
desperdiciar la principal característica con la que ha sido
concebida; La ligereza.

En
contraposición encontramos los diseños más tradicionales, son más
lentos, menos reactivos, pero más estables y cómodos cuando
navegamos con mares malos. Si nuestro objetivo es tener un plan de
navegación con salidas cortas de fin de semana en la que
presuponemos conocer la meteo, sin duda estas carenas son más
disfrutonas para navegar por debajo de majerada, y con vientos
perfectos para los cuales han sido diseñados. Pero si queremos
navegar en cualquier condición de mar y prevemos largos recorridos
o atravesar océanos, estaría bien pensar en barcos menos radicales
a los ofrecidos por la inmensa mayoría de fabricantes actuales.
La
primera derivada de estas nuevas carenas, es la correspondiente a
la habitabilidad de los volúmenes interiores que tienden a ser
perfectos apartamentos o estudios vacacionales flotantes. Un
argumento que sin duda no deja indiferente a nadie, pues las
mejoras en habitabilidad son evidentes, como tratamos a
continuación en el siguiente apartado.
5. Eliminación de mamparos

No
todos... Pero la tendencia en arquitectura naval es clara hacia la
reducción de mamparos estructurales en beneficio del espacio
interior y la interconexión de zonas. Por supuesto que de nuevo
estamos a favor de ello, pero sin dejar de pensar en lo que esto
significa. Pérdida de rigidez estructural y una fuerte fatiga del
casco si éste navega frecuentemente con malos mares. De nuevo
entra en juego el tipo de navegación a la cuál estemos dedicando
el barco y si buscamos largos periplos, debemos tener en cuenta la
durabilidad de los nuevos modelos de barcos, cada vez menos
marineros y más veloces para escapar de una posible borrasca.

En el
interior las cosas cambian… Con estas nuevas arquitecturas navales
sí estamos confrontando la comodidad y habitabilidad frente a la
seguridad de la tripulación cuando navegamos con mal tiempo.
Faltan soportes, pasamanos, agarres, y ayudas en las que podernos
estabilizar y sujetar cuando el barco meta un machetazo en la mar
o pegue una trasluchada sin previo aviso.
Los
barcos de los 90’ con pasillos más estrechos, cocinas más
encajadas y salones más pequeños, nos permiten controlar nuestros
movimientos dentro del barco, en caso de tener que navegar en
mares agitados o incluso muy violentos.
6. Quillas de hierro o de plomo

Casi
todas las quillas de veleros actuales están fabricadas en hierro
fundido con el bulbo de forma monolítica. Está bien… pero son
menos eficaces que la de plomo que permiten concentrar mayor masa
en el bulbo inferior y por tanto a igualdad de peso de quilla,
mejorar el par de adrizamiento. Es un asunto de cuantías, ya que
el plomo cuesta 3 veces más caro que el hierro y los astilleros
reducen costes en todas las partidas al lucha en precios contra la
competencia.

Las
quillas de plomo son también más seguras al ser un metal blando
capaz de absorber un posible impacto contra el fondo en aguas
someras. Una quilla de hierro transmite todo el golpe hasta los
pernos de fijación, trasladando la tensión y fuerza del impacto
directamente a los refuerzos estructurales en la parte inferior
del casco. Un golpazo contra una roca del fondo puede provocar una
avería de varias decenas de miles de euros. Es una reparación
costosa y complicada que, aunque estructuralmente quede corregida,
puede continuar con una ligera vía de agua en sentina muy difícil
de corregir.
El
hierro se oxida y con el tiempo y la falta de cuidados y
protecciones, la superficie de la quilla puede acabar como la
superficie lunar llena de pequeños cráteres y huecos con pérdida
de material. Lo cierto es que esto es fácil de prevenir y proteger
con un lijado o arenado y protección mediante masillas y pintados
con epoxi. Pero el plomo es simplemente eterno y no se deteriora
ya que la oxidación de su capa superficial protege el interior.
7. Sail-Drive en la propulsión
Del
orden de la mitad de todos los nuevos veleros del mercado vienen
montados con Sail-Drive, en vez de eje de transmisión. Y buenos
motivos sobran… aunque para cada uno de ellos existe un
inconveniente.
Desde
el punto de vista del astillero, el montaje de un Saildrive hace
la construcción más sencilla y abarata los costes. El saildrive
permite diseños más audaces en las cabinas de popa, que mejoran el
espacio y configuración de estas. La cola limita las resistencias
por superficies mojadas al reducir apéndices y eliminar el “skeg”
o el montaje de codastes, mejorando por tanto las prestaciones del
barco en velocidad y rendimiento. El eje de propulsión requiere el
montaje de un codaste e instalación de bocinas y otros elementos
que encarecen los costes de producción y requiere realizar un buen
trabajo de alineamiento entre el dumper y la conexión con el eje.

Pero
el saildrive no está protegido y si chocamos contra un palet o
cualquier basura flotando entre dos aguas, el impacto se lo come
de lleno el saildrive, produciendo averías que en los impactos más
fuertes, provocan graves vías de agua. El Saildrive mejora el
rendimiento del motor al generar más propulsión por cada caballo
de potencia, pero las reparaciones de la cola y sus mantenimientos
obligatorios son caros y delicados. Cada 2 ó 3 años tendremos que
sustituir la junta del saildrive pues una penetración de agua
salada emulsiona el aceite y puede destruir todo el saildrive.

Además con un saildrive, debemos estar muy atentos al cambio de
ánodos ya que toda la cola está fabricada en aluminio y una
pequeña corriente galvánica en el pantalán acabaría en pocos días
con el ánodo, para continuar la corrosión con el aluminio de toda
la cola. La cola actúa como transmisión reductora e inversora, y
por tanto también requiere un mantenimiento que en el caso de las
reductora de un motor tradicional es mucho más sólida y duradera.
8. Enrolladores de mayor

De
nuevo las estadísticas indican la tendencia, ya que un 65% de
todos los veleros que se venden nuevos tiene mayor enrollable en
el palo. Está claro que en velas de proa el asunto no genera
ninguna polémica. Tanto para foques, genovas, códigos 0 o
trinquetas, disponer de enrolladores en proa es la opción lógica
para cualquier velero, sea de la edad que sea.

Pero
para la vela mayor el asunto es muy discutido. Hay detractores y
entusiastas para los mecanismos de mayores enrollables y es que
bien manejados son muy cómodos y permiten controlar la potencia de
la vela a medida que vamos desplegando trapo. Pero si la
utilizamos mal o somos demasiado optimistas con su utilización, es
muy normal vernos en dificultades para guardar trapo en
situaciones de mucho viento, que es cuándo aparecen los problemas.
No es raro bloquear el mecanismo debido a una mala enrollada y
cuando esta se bloquea, los apuros pueden ser muy serios.
Por
el contrario las velas “full batten” con “Lazy Jack” rinden más, y
lo que es más importante… No pueden engancharse y con una buena
carrilera bajarán y subirán como la seda en cualquier condición de
viento.
9. Electricidad con panel digital

En
distribución de energía eléctrica la sofisticación puede llegar a
cualquier nivel con evidentes ventajas que “molan” pero que quizás
no estén justificadas por la inseguridad que generan en caso de
fallo. La clave es conocer el sistema digital que tenemos
instalado y saber cómo “puentear” la parte digital si fuera
necesario en caso de problemas.

En
grandes barcos de más de 15 metros, la estrategia digital tiene
mucho sentido, al poderse montar un “backbone” de distribución de
energía eléctrica de popa a proa, para ir “colgando” consumos allá
dónde los necesitemos mediante nodos digitales.
Pero
en barcos “normales” el cableado digital es del todo opcional y
puede traer más problemas que beneficios. La electrónica acaba
fallando mientras que un interruptor de toda la vida es tan
sencillo como seguro. Hay paneles digitales, incluso con
aforadores también digitales, que son un verdadero infierno y que
nos obliga a conocer la programación del sistema, que en muchos
casos el astillero no explica en el manual de usuario del barco.
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