Algunos
elevadores tienen el aspecto de una pequeña grúa tipo “Travel-Lift”,
aunque se diferencian de estos además de por su tamaño, por no
tener la capacidad de moverse del sitio y estar pensados para un
uso particular. Otros se pueden instalar sobre dos únicos y
grandes raíles verticales trabajando como lo hacen las grúas
para mover los palets de mercancías.
Muchos
modelos están construidos en aluminio y otros en acero
galvanizado en caliente lo cual permite ofrecer una garantía
contra la oxidación de 20 años, tras los cuales basta un
mantenimiento de regalvanizado. El ambiente marino no
representan por tanto ningún inconveniente. Realmente no existe ninguna
limitación por tamaño y es posible diseñar elevadores para
cualquier tipo de barco y de cualquier desplazamiento, aunque lo
normal es verlos para barcos de motor de 5 a 12 metros de
eslora.

En EEUU existen marinas en donde los elevadores han sido instalados
en todos los amarres dado las enormes ventajas que representas. Los
armadores los exigen y la competencia hace el resto…
El sistema de
elevación y descenso puede ser de tipo hidráulico, neumático con
flotadores que se llenan con aire comprimido o con sistemas de
poleas y polipastos que trabajan mediante uno o varios motores
eléctricos de gran fiabilidad. Lo extraordinario es no ver
prácticamente ningún elevador instalado en España, a pesar de las
claras ventajas que ofrecen. Quizás sea por costumbre, por
desconocimiento de los armadores, o por las dificultades que algunos
puertos ponen para su instalación. En algunas marinas consultadas,
incluso teniendo un amarre en propiedad, la dirección del puerto se
opone a la instalación de estos elevadores aludiendo motivos de
seguridad, razones estéticas y otras excusas más “peregrinas”. Pero
lo que posiblemente ocurra, es que el puerto perdería la posibilidad
de realquilar el amarre pagado en propiedad por un armador cuando
este no lo está ocupando. En otros puertos la “densidad” de barcos
por metro lineal de pantalán es tan grande, que la sola idea de
plantear admitir elevadores y por tanto “desperdiciar” el espacio
que queda entre barco y barco asusta a los avispados directores de
las marinas con tal de poder “exprimir” al máximo la capacidad de
sus puertos.

Pero lo cierto
es que salvo en algunas privilegiadas marinas de Baleares y otros
puertos claves en distintos puntos del Mediterráneo, la competencia
en estos tiempos es dura y por ello muchas de ellas comienzan a
admitir la posibilidad de instalar estos cómodos e interesantes
dispositivos elevadores. Para puertos en donde la marea es pequeña o
nula como lo son todos los del Mediterráneo, los elevadores
representan una solución perfecta y económicamente muy interesante
para los dueños de los barcos.
¿Cómo se
utilizan los elevadores para barcos?

Cuando
llegamos al pantalán, basta con pulsar un botón del mando a
distancia para que el barco descienda suavemente hasta la superficie
del agua. Como ha estado en el aire durante nuestra ausencia, el gel-coat
de la obra viva está tan limpio y pulido como el primer día de
nuevo. Las sentinas están totalmente secas sin manchas de óxido y
las colas del motor o las hélices están pulidas como un espejo. Ya
no necesitamos poner antifooling a nuestro barco, pues cuando
acabamos de utilizarlo queda fuera del agua y cuando se usa, navega,
con lo cual nada se pega a nuestro casco que siempre está como
nuevo.
Por la tarde
tras la jornada de navegación llegamos a nuestra plaza de amarre que
está claramente marcada por las columnas que sobresalen del agua.
Centrar nuestro barco en la plaza es más sencillo pues podemos
identificar claramente la plaza y además las columnas nos pueden
ayudar a meter el barco en el amarre. Bajamos del barco tras haberlo
recogido y basta con pulsar otro botón del mando a distancia para
ver como en un par de minutos el barco queda a más de un metro de la
superficie del agua.
La estructura
del elevador es tan sólida que ni un enorme temporal es capaz de
mover un solo centímetro. Por esta razón el barco permanece tan
quieto, a pesar del viento, como si estuviera varado en marina seca.
Esto evita roces y golpes que a pesar de las defensas suelen acabar
por estropear regalas y otros elementos de nuestro barco.

Un puerto equipado con elevadores eléctricos y con columnas forradas
en madera es incluso más atractivo que los tradicionales pantalanes
que vemos en todas las marinas. La importante estética ya no es
excusa para la instalación de tan útiles dispositivos.
Las ventajas
de los elevadores de barcos

Con un barco a
flote es muy normal tener que hacer fondos todos los años, teniendo
que pagar el travel-lift, el trabajo de la karcher con agua a
presión, el pintado y las pinturas antifoulings, además de tener que
revisar las colas de los Z-Drives, o limpiar las hélices, flaps, y
demás apéndices de la obra viva. Con el barco a flote es necesario
cambiar cada uno o dos años los ánodos de sacrificio que protegen
las partes metálicas contra la oxidación en el agresivo ambiente
marino.
Pero si ya con
todo ello y haciendo algunos sencillos “numeros” financieros, el
elevador se paga sólo, lo más significativo es el poder disfrutar de
barco “nuevo” cada vez que vayamos al mar, sin tener que perder
tiempo en complicaciones ni deprimirnos al ver el deplorable aspecto
que ha adquirido el barco al permanecer a flote todo un duro
invierno. Con el elevador el barco se cuida sólo y por tanto no se
devaluará tanto al quedar muy bien conservado. Para ello, muchos
elevadores gozan de una superficie que actúa como un toldo protector
contra el sol que es el segundo agente agresivo que desgasta
rápidamente nuestro querido barco.
El toldo o la
pérgola perfecta

Si además de
sacar el barco del agua podemos protegerlo del sol, la combinación
es absolutamente perfecta. Se acabaron las maderas ennegrecidas, los
suelos de teka se mantendrán solos como el primer día, y el
plexiglas de los parabrisas nunca perderá su transparencia y
brillantez.
Los mejores
modelos del mercado incluyen la posibilidad de instalar un toldo
sobre la superficie elevadora aprovechando los cuatro postes sobre
los que se sustenta todo el conjunto. La solución es tan obvia como
efectiva y con ella se consigue tener el barco siempre a punto y lo
más importante,…. Siempre como nuevo. Quien se desgasta es la loneta
del toldo pero esta vale muy poco y se puede sustituir por una nueva
al cabo de media docena de años a cambio de algunos pocos cientos de
euros.

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