
Efectivamente
así es, como sabe cualquiera que haya buceado por la noche o
navegado a motor en la oscuridad. La bioluminiscencia es creada por
un alga del plancton microscópica del grupo de las Dinoflageladas
llamada ‘noctiluque’. Cuando es agitada se hace luminosa y en
algunos casos espectacularmente luminosa, dependiendo de la
concentración que tenga el agua en la que nos encontremos.
Se trata de un
mecanismo de defensa. Cuando movemos el agua el alga piensa que se
trata de un microscópico crustáceo a punto de comérsela, por ello lanza
un pequeño destello con la intención de atraer a algún pequeño pez
que pueda comerse a su enemigo el crustáceo. La chispita de luz no
dura más que una décima de segundo, pero al existir miles de ellos
en cada centímetro cúbico, nos parece como si la luz fuera emitida
de forma continuada mientras movamos el agua.

Una de las
experiencias más bonitas que se puede tener durante una navegación
nocturna es la de en mitad de la noche ser rodeado por una manada
de delfines en mitad de una zona con este tipo de plancton. Los
saltos de los delfines y sus movimientos cerca de nuestra proa, se
convierten en mágicas formas luminosas, al iluminarse sus cuerpos
por delgados hilos de luz debidos a la bioluminiscencia.

Los peces
cerca de la superficie y al ser asustados por nuestra proa escapan
haciendo algún zig-zag que deja en el agua exactamente esa marca del
‘zorro’!. Al bucear con botellas en una inmersión nocturna, merece
la pena apagar la linterna para permanecer en la oscuridad total,
flotando entre dos aguas, y mover los brazos para ver como se
generan estelas luminosas que siguen las evoluciones de nuestras
manos.
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